Arriba la cultura. Abajo la gitana.
e todos es conocida la importancia a nivel mundial, yo aún diría mas, a nivel universal, a nivel sideral, de la cultura y el folclore catalanes.Sus fiestas populares, sus costumbres, sus trajes típicos, la boina esa roja que llevan sus pastores, son, sin lugar a duda, conocidas mundialmente, universalmente, sideralmente, como digo.No debe extrañarnos la influencia que su lengua ha tenido en la creación de otras lenguas y dialectos a lo largo y ancho de todo el mundo pijo conocido.
Muestra de su buen gusto son sus políticos, representantes de la voluntad catalana, que van dejando huella con su "seni" (o como quiera que se escriba) allende nuestras fronteras.Es por ello, que en un nuevo alarde de refinadísimo gusto, un tal
Huguet, Consejero de Comercio, Turismo y Consumo de la Generalitat catalana, (para mas señas, perteneciente a
ERC, como no podía ser menos) ha decidido que en Cataluña no se vendan esos horribles souvenirs que han afeado durante años los hogares de todo el mundo.Me refiero, como todos habrán adivinado, a la gitana y el toro que sin pudor alguno decoran tanto encima de la tele, recuerdo nostálgico de la España mas profunda, que a partir de ahora dejarán de venderse en la nación catalana.Desde aquí quiero hacer un llamamiento al ilustrísimo e ilustradísimo señor Huguet para que no dé por finalizadas sus pretensiones con tan ínfima medida. Ya puesto a evitar el mal gusto no debería pararse ahí. Sus votantes están esperándolo. Debería extender sus prohibiciones a tantos otros artículos que denotan un horterismo supremo.Me vienen a la memoria muchos objetos cuya venta debería prohibirse en Cataluña:
- Los dados que se cuelgan del retrovisor del coche.
- El perrito ese que no para de mover la cabeza en las curvas.
- Los bañadores olímpicos que dejan al aire la hucha de nuestros albañiles en las playas de la Costa Brava.
- Los discos de Camela.
- Los abanicos de estaño.
- Los camiones con pegatina de "Mi Chari y mis churumbeles".
- Las bolas de cristal con nieve.
- Las camisetas sin mangas.
- Las sandalias de goma con hebilla.
- Los peluquines.
- Las tapicerías de piel de vaca o de leopardo.
- Las cintas de música que venden en los bares de carretera.
- Los botijos.
- Las películas de Torrente.
Y tantos y tantos otros productos que están llevando a Cataluña al abismo en que se encuentra sumida la decadente España.
Lo que jamás debería de dejar de venderse es el símbolo auténtico de la cultura, del folclore y del buen gusto del catalán medio-alto. Ese muñeco que tanto adorna en los portales de Belén. Esa figurita que tanto representa. Ese "semidiós" que sin ser el protagonista de los nacimientos es siempre el mas buscado. Ya saben de quien se trata. Se trata del incombustible "caganer", que por cierto tiene que tener ya el culo escocidito, el pobre. Ponga usted un cagador en su vida. Adorna, estimula, recrea, hace las delicias de niños y mayores, y además es culturalmente correcto.
Yo ya tengo uno. Con la Cara de Carod Rovira. Lo he puesto encima de la tele estoy contentísimo. Una monada, oiga. Mucho mejor que el toro y la gitana.
Psss, un secretillo.... si le pinchas dos agujas en el pastel se sintoniza La Sexta.
Bibliografía:
El Confidencial Digital
El Diario de Cádiz