Tony Doménech
En todo este asunto de las descargas gratuitas de música mal llamadas piratería, hay conceptos engañosos que confunden al usuario medio. En primer lugar no es lo mismo perder dinero que dejar de ganarlo. El control, no sólo sobre los beneficios sino sobre qué debe sonar y qué no, se les está escapando de las manos. El artista, el genuino, no el cantamañanas prefabricado cuya elección se realiza a golpe de cásting, ve en la red una posibilidad de dar a coñocer su trabajo. El artista consolidado puede ofetar un producto no afectado por presiones comerciales y a bajo precio, ya que elimina toda la cadena de sanguijuelas e intermediarios.
Las personas que están produciendo cosas de calidad y difundiéndolas obviando a la discográfica y acogiéndose a licencias libres, como la Creative Commons, empiezan a poner nerviosos a los señores de la industria.
Un factor que no se tiene en cuenta, grave error, es que los que viven de los discos son las discográficas no los músicos. Los músicos viven de los conciertos. El porcentaje que recibes por las ventas, salvo que te llames Alejandro Sanz, es ridículo. Léase el manifiesto de Kiko Veneno a este respecto, disponible en la red y bastante clarificador. Alaska también expresó su conformidad con que la música se copiase y se difundiera, ya que, como artista, sabe que eso se refleja en el aforo. El resultado fue que sus discos se retiraron de las tiendas hasta que rectificó. Si eso no es coacción, no sé qué puede serlo.
Actualmente se está trabajando para que, por contrato, los artistas no puedan declararse a favor del libre intercambio de archivos. Si todo el mundo descargara a un grupo llamado, por ejemplo, "Pasamos de Mafiosos", un concierto de "Pasamos de mafiosos" venderá entradas, porque existirá un público de oyentes. La música en directo se hará más común, la oferta más variada y la música, como evento social, más importante. Aún abaratando precios, eliminando intermediarios, el total que quedará para el autor será mayor. La cantidad de horas que la gente dedicará a escuchar música, probando cosas nuevas, quizá le dote de nuevo del gusto que las radiofórmulas le han arrebatado durante su reinado. EL tiempo que éstas tarden en empezar a programar música de "Pasamos de Mafiosos" será corto, una vez desaparecida la multinacional todopoderosa. Cuestión de supervivencia.
En cuanto a ciertas medidas que esa organización que se querella contra todo el que la llama mafia, pese a encajar con la definición que da nuestra Academia de la Lengua, y que se atreve a llamar pendejos electrónicos y piratas, a todos aquellos que descargan música para su crecimiento personal, un par de palabras: El canon es un acto ilegal que ha generado unas ganancias ilegales, partiendo de la base que muchos comercios adquirieron CD's antes de la llegada del canon pero los cobraron con él. Hagamos cuentas y veamos por dónde va el asunto. La idea de cobrar canon por cualquier soporte que pueda usarse para contener música grabada es, cuanto menos, rídícula.
Una especie deja paso a la otra -que pregunten a los dinosaurios- y los grandes hombres de negocio enriquecidos a costra del trabajo ajeno no saben retirarse a tiempo. No están viendo esta "lluvia de meteoros" . El problema, para ellos, es que todo esto se les escapa de las manos. El modelo que ostentan está obsoleto. El renovarse o morir no entra en sus cabezas y utilizan la confusión dialéctica y la demagogia para mantener su status quo. Por otra parte, y viendo lo que se está editando hoy día, lo mejor que le puede pasar a la industria es su extinción. El monopolio del gusto ha llegado a su fin, eso es lo que estamos viviendo. Lo que pase después, dependerá de nosotros.
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