¿Por qué estamos aquí? ¿Qué motivo nos ha traído a este mundo? ¿Con qué objetivo? ¿Cual es el sentido de la vida?
A veces me pregunto qué narices hago aquí. Si todo sucede por un motivo, ¿cual es el mio? Que aún continúe con vida después de todo lo que me ha pasado me sorprende y hace que piense en la vida de un modo extraño. Siento que mis absurdas deliberaciones se contradicen una y otra vez.
Por lo visto, todo sucede por una razón. Si eso es así, me pregunto cual será mi destino. Pero claro, ¿existe el destino? ¿A qué llamamos destino? ¿Está todo escrito?
Si pienso en el futuro, dudo de la existencia del destino. Si miro al pasado, encuentro conexiones extrañas en mi vida que hacen plantearme su existencia como algo factible que lo explica todo. Y eso es lo que más me asusta, porque no sé lo que viene después.
¿Existe la suerte? O es simplemente un concepto que se ha creado el ser humano para no pensar que su vida está predestinada por las palabras de un dios supremo que lo controla todo o por unas cuantas ecuaciones matemáticas que predicen su existencia. Acaso el destino lo crearon aquellos que no creen en la suerte.
He sobrevivido a una eritroblastosis fetal, a una osteomielitis causada por la anterior, a un traumatismo craneoencefálico provocado por la caída a una piscina vacía de cabeza cuando tenía dos años y casi pierdo el brazo derecho por una infección hospitalaria.
Soy el cuarto de cinco hermanos nacidos, pero soy el único superviviente de la eritroblastosis fetal (tengo otra hermana, Sonia, que no tuvo problemas por ser la primera en nacer). Mi nombre es Jesús porque nada más nacer el sacerdote del hospital decidió bautizarme dadas las pocas esperanzas que tenía de vivir. Aquel médico salvó mi vida. ¿Por qué no estuvo allí cuando nacieron mis hermanos? ¿Por qué yo y no ellos?
Todo esto me hace darle vueltas y vueltas a la cabeza intentando averiguar qué hay detrás de todo esto.
¿Me puedo considerar simplemente un tipo con suerte? ¿O es que todo esto sucede por una razón?