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Todo lo que quería saber, lo aprendí jugando Vampire (V)

I. La Tierra antes de la llegada de los dragones

II. Dios no juega a los dados

III. Una tertulia muy esperada

IV. Cien años de oscuridad

V. Las legiones del caos

Conforme se va ganando distancia, algunos eventos del pasado parecen más importantes y otros, que en algún momento parecieron cruciales, se revelan banales. El año en que les perdí contacto, Agoran y Nacho se habían tomado más en serio los juegos de rol de lo que hubiera alcanzado a prever y se habían unido a una organización de jugadores que se llamaba El Concilio, aunque ninguno de sus miembros nunca tuvo nada de conciliador y no se podían poner de acuerdo en nada. Nacho hacía de tesorero de esta organización y Agoran prestaba sus servicios en algo así como la defensoría de los derechos de los jugadores. En una ocasión, todavía muy comentada por los círculos de jugadores, Agoran organizó un pequeño boicot al rehusarse a realizar una demostración de juegos de rol hasta que le pagaran a él y a todos los demostradores, debido a que los organizadores estaban cobrando el evento. El boicot, que tuvo éxito, tuvo lugar en una de las primeras convenciones de Comics en el país, ocasiones en las cuales, a falta de una convención propia, se reunían los jugadores de rol de la Ciudad de México.

[El escenario de la CONQUE, una de las convenciones de cómics más populares]

Cuando regresé a las sesiones semanales de rol, dos miembros de este Concilio también asistían regularmente a ellas, Irwing y Lizbeth. Del primero tengo noticia que ahora se dedica principalmente al arte marcial brasileño llamado Capoeira. Con Lizbeth tuve un romance hermoso, largo y tortuoso como todos los romances. Me sentía increíblemente enamorado, juré que nunca olvidaría los bellos momentos que pasamos juntos y ahora ya casi no me acuerdo de nada. Irwing y Lizbeth se volvieron durante un tiempo miembros regulares de La Bola, aunque Irwing más bien iba y venía, mientras que Lizbeth, conforme mi relación con ella se hacía más seria, se volvía cada vez más importante en el grupo. Los miembros de La Bola que también eran miembros de El Concilio sumaban la mayoría, y así, en parte para jugar más rol y en parte por la influencia de Lizbeth, me uní a El Concilio. Poco después me invitaron por primera vez a participar en demostración de juegos de rol; el juego que querían que mostrara, por supuesto, era Vampire: The Masquerade.

Participaría en muchas demostraciones de Vampire: The Masquerade, y de otros juegos, a lo largo de los años. Mientras Agoran y Nacho eran los expertos en Dungeons &- Dragons, yo me fui haciendo un nombre entre los jugadores de Vampire de la ciudad, que muchas veces ya habían oído hablar de mí antes de que yo los conociera. La pequeña reputación de la que me iba haciendo me conseguía lugares en nuevas demostraciones y eventos. Y aunque debo de admitir que durante un buen rato esa reputación me daba algo de orgullo, lo más rescatable de todas esas convenciones, eventos y demostraciones fue toda la gente a la que conocí.

[La Feria de Chapultepec, sitio de una de las demostraciones más memorables]

Como la muerte, los juegos de rol son un gran igualador. No importa que seas hijo de un barrendero, dueño de tu propia compañía de informática, estudiante o licenciado en lenguas muertas. Una vez que te sientas alrededor de una mesa, sacas tus dados y tu hoja de personaje, todos son compañeros de aventura. Incluso, a veces, en el juego de rol afloraban características de personalidad que nadie imaginaba: los tímidos se vuelven extrovertidos, los débiles se vuelven fuertes, los valientes se vuelven cobardes y los tontos mostraban su inteligencia. Para muchos, los juegos de rol eran el pretexto para aprender historia, matemáticas, antropología, diseño gráfico, dibujo e incluso aprender a tocar un instrumento, el mismo instrumento que tocaba tu personaje, por supuesto.

Así, en todas esas demostraciones y convenciones conocía a gente de los más diversos derroteros de la vida. En la misma mesa tenía sentado a un profesor de biología (que interpretaba a un salvaje guerrero enano), un taxista (la sacerdotisa elfo), un contador público (que sólo se sentó en la mesa para descansar los pies, pero disfruto jugar con un hechicero), Una muchacha que vendía pulseras en la calle (el explorador elfo) y su hermanita de ocho años (el guerrero sagrado, líder del grupo). Sin importar edades, géneros o clases sociales, todos trabajaban y se divertían juntos. Y un año o dos después, cuando regresábamos al mismo lugar a dar otra demostración, muchos de ellos regresaban y me saludaban como si fuéramos amigos de toda la vida.

[Una demostración del Star Wars RPG]

Igual de diversos e interesantes eran mis compañeros en las demostraciones. Con el tiempo, algunos de ellos se volvieron buenos amigos, a otros se los fue tragando la realidad y fueron desapareciendo en trabajos, matrimonios o torneos deportivos. Sin embargo, conocerlos a todos fue una gran experiencia, que me mostró muy diversas formas de ver el mundo, una experiencia que no hubiera sido posible en la escuela o en algún trabajo, donde todos tienen más o menos el mismo trasfondo y los mismos objetivos. Durante esa época, llena de demostraciones, eventos especiales y la obligatoria reunión semanal de La Bola tuve muchísimas aventuras de rol, conocí a gente muy interesante, me hice de algunos enemigos y también de algunos enemigos, porque el mundillo del rol, como todos, tiene sus envidias, sus ansias de protagonismo y de poder, sus charlatanes y sus paladines. Aprendí mucho de la gente, y también aprendí Vampire. Los manuales de reglas no tenían ningún secreto para mí y conocía el mundo del juego también o mejor que el mundo real.

Todos eso conocimientos de Vampire me iban a servir mucho cuando termino esa época de mi vida llena de demostraciones, nuevas amistades y glorias en el juego. Todo eso habrá durado unos dos años y terminó cuando Lizbeth y yo nos separamos. Era el primer gran amor, y la separación me sumió en un estado de terrible depresión. No salí de mi casa en una semana y me desparecí de mis amigos y conocidos por varios meses. Finalmente, cuando la niebla se disipó, La Bola seguía más o menos ahí, esperando una reunión más para sacar los dados y contarnos historia, pero la vida, y la universidad, nos estaba cambiando a todos. Cada vez teníamos menos de que hablar fuera del juego y nuestros puntos de vista eran cada vez más distintos. Agoran y Paco, por ejemplo, eran capaces de discutir durante horas sobre la diferencia entre una página y una cuartilla o sí el taco y la hamburguesa eran alimentos culturalmente equivalentes. Los horarios de todos eran cada vez más incompatibles, las sesiones de juego nuevamente se iban espaciando.

[La portada del primer volumen de las Transylvania Chronicles]

Sin embargo nos quedaba, a La Bola, una gran aventura. Por aquellos tiempos los editores de Vampire, a la par de la edición revisada del manual, habían editado una larga crónica que llevaba a un grupo de vampiros desde la Edad Media hasta la era de los rascacielos, Transylvania Chronicles. Agoran y Alfredo aceptaron nuevamente, a regañadientes, jugar la larga crónica de Vampire, que iba a durar años. Las cosas fueron viento en popa, tanto en La Bola como en el juego&4oCm- hasta el día en que se anunció el fin del mundo.




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