Soledad buscada
Atardecer desde el Campo de las Danzas
Al bajar del Campo de las Danzas, en la base de la Aquiana, contemplé este hermoso atardecer.
Hoy salí de la ciudad, me alejé, subí, subí, a unos 1500 mts. de altitud, buscando la soledad, el silencio, la naturaleza. Necesitaba esa sensación. Es la soledad buscada, placentera, profunda, que te conmueve, que te vuelve a tus orígenes. Es la soledad del eco de tí mismo, del miedo al abismo propio, esa soledad de la que huimos normalmente.
Desde la lejanía, sentí la serenidad que nos queda cuando ya no nos queda nada. Porque, profundamente, somos serenidad, una vez despojados de todos los amaneramientos, apariencias y disfraces. Uno puede realizar ese juego en sí mismo, en un viaje por sus propios recovecos, soltando lastre a medida que el avance se produce, en un nivel emocional-mental, en un ejercicio de caída al vacío, sabiendo que, una vez que todo ha terminado, puedes volver, renovado, a tu vida ficticia, la de los disfraces.