Puro cuento
Tarde, pero aquí está lo que llevamos de cuento (con 113 comentarios!!!), sólo le hace falta un final y como lo prometí, el mejor será el que se queda.
Para ser sincera había veces que no se me ocurría como resolver una frase o darle secuencia a lo que ustedes escribían pero lo resolvieron muy por encima de mis expectativas. De modo que debo agradecerles una a cada uno de ustedes por venir a perder el tiempo acá, a mi casa y ahora también suya.
Acuerdense de que el cuento es suyo, de todos, de los demás, pues, de todos los que lo escribieron.
Por eso los agradecimientos irán en orden de aparición:
Gabi Asmadeus Renecito
ZegimDrama QueenBeto perdidoÉlikaHildaErnestoEliuckAl(f)onsoYo meroMi tocaya favorita:
DianaÍcaro
ManoloDariaLa misteriosa Lola
EstherFernandaMike (aunque nomás te metas a molestar...)
AlexisR'CatastrofísmosLa cumpleañera
MelSofíaQuequeMi amiga invisibleAndreaEmmanuelSantiagoCordeliaOtra vez
ÍcaroLauraEl misterioso Al
Ray HodgesA todos infinitas gracias, también gracias a quienes nos estuvieron leyendo, etc. etc. Los quiero a todos.
***
Ya no había lentejas, pero sobraba ajo y el plato se colmaba entonces de un delicioso y dulce mousse preparado por la necesidad de comer. ¡Mi sopa favorita! exclamé al ver a mi madre salir del diáfano espejo, que quedó derretido ante los recuerdos plenos de nostalgia por aquella noche, no tan lejana, cuando el perro yacía en el portón de la casa de la calle 23.
Me es imposible olvidar la escena, tus ojos tristes. Tu melodiosa voz. Y el can inerte ladraba desde el portón, en su agonía, cubierto de plumas. Entonces noté que...OH MI DIOS! Mi vida había terminado por quedarse atrapada en la locura.
Tomé tus manos, por salir de este sueño, pero... ¡oh sorpresa, te desvanecías instantáneamente! Todo lo que supe lo había olvidado súbitamente con el roce de tus manos, lánguidas y frías...
Desperté. Era asqueroso el húmedo cuerpo que yacía en las cuerdas de nailon que débilmente tensaba la noche. Miré la luna y como en un espejo, reflejo de otro reflejo, te recordé inerte, admiré tu inexplorada piel de porcelana ahora sin vida, igual que la madre del rey, viendo hacia adentro, muy adentro de tu extinta alma evaporándose en cada brizna. No era, ni será nunca, siquiera un despojo de tu cálida mirada.
El reloj marcaba por fin el final de la finísima finta que mi mente finalmente finiquitó con un disparo de agonía atravesando la fibra del filisteo que nublaba mi visión, filamentosa y frágil, filiforme, casi física.
Empezaba a amanecer, lentejas no desayunaría, besos no besaría, más no viviría, me llamo María, aquella que amó a los Beatles en la época del rock. Pero no la misma María que susurrando te decía "Hazte la lobotomía."
Ahora empezaré una caída dichosa hacia un sin saber, sin ser consciente que de veras "quise quedarme pero me fui". Así como tú ridiculamente habías dicho hacía tiempo, cuando intentaste huir de mi lado para reencontrarte con una mera sombra: "Compra lentejas integrales, que son inagotables y te harán hacer de vientre plano, que est&w6A-s muy panzona". Esa obsesión por tergiversar los mensajes disolverá tus pensamientos en cocaína pura.
El teléfono interrumpe el soliloquio con mi lado oscuro y no me atrevo a seguir monologando por miedo a
perder los estribos.***
Ahora a proponer el final. Y para hacer esto interesante, le invito un café al que gane. Por favor n&w7I-tese que esto lo propongo para animarlos, no para lo contrario.