Peces de Ciudad (y yo aquí)
Tengo a bien emplear las vacaciones en hacer todo aquello que no puedo durante el resto del año. Bien sea por la temperatura, por el espacio en que me "muevo" o el tiempo de que dispongo. También poseo libros que leo todos los años sólo en verano. Uno de ellos es
"Tipos trashumantes" de Jose María de Pereda. Porque trata de los veraneos en Santander para tomar baños (orígen de vuestras vacaciones) y trata de Cantabria, donde albergo la esperanza de poder ir alguna vez. Si año tras año los leo es porque no sólo me gustan sino porque aún me sorprenden. Espero acabar agosto escribiendo-os lo que recuerdo de mis vacaciones de niño, aquí, en la Costa Este.
Vengo a decir esto porque el motivo de vacacionar se supone que es descansar. Abandonar la ciudad en la que pasamos el invierno y disfrutar de la naturaleza. Huir de los atascos, las prisas y todo eso ¿no?. PUES NO, los nenes superinteligentes que están todo el año anhelando las vacaciones se traen sus grandiosos rascacielos a la costa, calles que llenan de coches para emular los atascos y las caravanas de Madrid. "Carrefoures", Pans &- Company, McDonalds, discotecas, pubs, y lo que más me sorprende de ellos: van de prisa a todos lados. Luego acaba agosto y se meten una "panzá" de doce horas dentro del coche y regresan a Madrid recién inaugurada su depresión post-vacaciones. ¿Tán tontos o qué?.
Este año me he fijado mucho en las señoras: con las olas de la playa por la media pierna y hablando por el móvil. Una mano en la cabeza sujetandose los cabellos socarrados por este sol "raro" que tenemos ahora, otras veces en la cintura, y otras gesticulando como posesas: "Pero nena ¿Tú no te das cuenta que ese tío no te conviene?. Pero mándale a la mierda tía y te vienes aquí con nosotros que Elías está hasta final de mes y nos acerca a Port Aventura o donde sea". Haría falta haberse traído ese artefacto al baño... Elías en cambio, necesita hablar paseando por la orillita del mar o -descaradamente- sentado en la toalla: tiene que echarse el moco del supermegamodelo de móvil que acaba de estrenar por aquello de comenzar el veraneo comprando algo, "es que aquí está todo más barato". ¿?. Lo primero es extender el brazo y sacudir el movil hacia atrás para abrirlo. Si está en la toalla despliega el móvil mientras empieza a mirar a las churris de las toallas de al lado porque su mujer está en el agua con los niños. Y empieza el ritual. Conversación tipo morse: "Síp. ¿Cómo?." Escondido tras sus gafas de la ONCE que le permiten "entretenerse" en los entretetos de las tías y algunas otras zonas más, responde bajito, con voz queda, y entonación de yupi trasnochao: "Entiendo. Ajá. ¿Y eso?. Ya. Pues si".
Al tiempo va apretandose ese granito que tiene en el muslo y no le deja en paz, o estirando ese pelito rebelde de la pierna que no lo acaba de sacar, pasando la yema de los dedos por el pecho como si hubiera olvidado allí las migas del desayuno, por no hablar -ya puesto en pie sobre la toalla- del jugueteo con los cordoncitos del bañador (horroroso del Quebéc) cara a las interfectas. De repente, ¡la parienta que sale del agua!, el primero en llegar poniendolo todo perdido de arena es Adrián. Entonces el marido se tumba de nuevo y se gira a la vecina de la toalla de al lado tapándose la boca con la mano para acabar soltando: "Yo tambien a tí. Ahora no puedo... estoy en la playa. En cuanto vuelva. Sí. Te lo prometo. Y yo".
-"¿Quien era Eli?
- Ná, que ha llamado el plasta de Perales. Joder es que ni en mi primer dia de vacaciones tía, Como me sigan apretando en septiembre me presento en el despacho del director y les canto las cuarenta.
Ya os digo: se dedican a hacer lo mismo que hacen durante todo el año en la ciudad.
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