No soy la Cenicienta, ni el Príncipe
Los
fantasmas del pasado vuelven de manera cíclica, nos dejan en paz un tiempo y vuelven de cuando en cuando, hacen acto de presencia para que no nos olvidemos de algo.
Hoy ví -o me pareció haber visto- a la esposa de
J, fué muy rápido así que no estoy segura pero me impactó, han pasado seis años desde que
J murió. El día de mi cumpleaños recibimos la llamada,
A y yo estabamos solos en la librería y planeabamos celebrar el día, pero despúes de que colgó el teléfono su rostro cambió;
J era su mejor amigo desde la adolescencia y fué un golpe terrible para él y de paso para mí.
Unos días antes fuí a ver a
J a la casa de su mamá, estaba en cama, ya no podía levantarse de la cama, ni para ir al baño. Su semblante ya no era el mismo; aguantaba los dolores sin quejarse por no angustiar a su mamá y trataba de sonreir, pero su cara ya era más sombra que piel, el
J que conocí y con el que podía platicar por horas mientras esperabamos que
A llegara, se estaba alejando lentamente. Ese día hablamos de muchas cosas, de
A, de su familia, de sus aventuras; nunca hablamos del dolor, enfermedad o de la muerte.
J me pidió que nunca dejara a
A, que me necesitaba, que nunca lo había visto más feliz y tranquilo, que veía un nuevo brillo en sus ojos y que al fin alguien había "salvado" a
A de su soledad, me hizo prometerle que jamás lo dejaría.
Ese cumpleaños lo pasé en el velatorio, pensando en él, en lo que dejaba atrás de él, en su mamá y su esposa, en
A, en lo triste que estaría. Dos horas más tarde llegaron A y su mujer, yo estaba sentada en una banca con un amigo delante del mausoleo pero no pude acercarme a
A, su esposa estaba a su lado, tomándolo de la mano, acompañados de conocidos y amigos de la familia, fué cuando comprendí que no sería capaz de mantener mi promesa.
Hoy cuando ví a la esposa de
J recordé a
J, recordé que la vida es corta, recordé ésta
versión, recordé la promesa que hice y no cumplí.
J se fué, hace 4 años que no hablo con
A pero todavía hay un impulso en mí por salvar a alguien, sigo cayendo una y otra vez en el mismo error probablemente en un vano intento de redimir mi promesa.
Ahora lo entiendo -aunque mi instinto lo sigue intentando-, que uno no debe buscar a un compañero de vida para salvarlo o ser salvado, es imposible. Suena romántico pero es absurdo, ¿cómo se supone que alguien con tantas heridas cure a otro?, ¿por qué las mujeres seguimos tratando de salvar a un hombre cuando él no quiere ser rescatado?, ¿por qué seguimos pretendiendo ser nosotras las rescatadas? Sigo jugando a la Cenicienta, invirtiendo los papeles una y otra vez, dando cosas imaginarias creyendo cambiar o ayudar al otro, cuando el otro no cambiará ni será ayudado si no quiere. ¿Por qué no simplemente podemos caminar juntos, así de desfigurados como estemos, haciéndonos compañía y celebrando cada pequeño paso?
en ce moment précis, j'écoute:Powered by
Castpost