Libreria en cierres
Hoy no estoy para noticias curiosas o fotos bonitas: Cada vez que veo una libreria cerrar, creo que hay algún resorte que esta equivocado en este mundo. No es que sea una rata de biblioteca ni que viva para o por los libros, pero de unos años a esta parte, he podido disfrutar de momentos muy agradables en algunas de las librerias de Zaragoza. Se puede destacar la librería Antigona, junto al Campus, donde se pueden encontrar pequeñas rarezas -tal vez dedicadas a la Facultad de Artes- que resultan pequeños tesoros en las manos de uno. Cerca de esta, y hasta hace poco tiempo de luto, la llamada de los Hermanos Vidal, una libreria de viejo que gustaba nada más entrar, con su caos perfectamente orquestado para resultar lo justamente desordenado que una persona puede comprender.
Tras años de "competencia" a la Libreria General, y en pleno Paseo Independencia, cierra la Librería Lepanto. Desconozco si es por la terminación de algun plazo marcado en contrato de renta antigua, por mera jubilación de sus gerentes, o simplemente un paulatino cansancio económico que ha hecho inviable el negocio. No lo se. Tan solo os digo que he pasado y oteado su escaparate miles de veces, como si viera un oasis tras el cristal, donde se encontraran las joyas más brillantes que pueden existir. Lo cierto es que he bajado pocas ocasiones sus escaleras, y comprar, pues alguna cosa de vez en cuando, como en las demás...
El otro día, vete tu a saber por qué, pasé por delante de su escaparate, y dos letrenos verdes me dieron en todos los morros. Joder. Es como si parte de mi infancia echara el cierre. Como si cerraran todos los puestos de castañas del centro, poco a poco han ido cerrando o cambiando de manos y ambiente la mayoría de los iconos de los 80-90. El Calamar Bravo parece que será el siguiente. Creo que esta semana cenaré de bocata.