Google
 
Web www.granainfo.com

Cicatrices eternas.


En cada paso, el presente se mezcla con el pasado, como gajos de realidad imperfecta, trozos entremezclados de dos mundos que coexisten sin saberlo. La última vez que había estado allí no había el silencio calmo de ahora, sino silbidos, oscuros silbidos cargados de muerte que a lo lejos se escuchaban. Y luego explosiones; como truenos. Y muerte, mucha, demasiada muerte.
Luca era tan sólo un adolescente en los cuarenta, durante la guerra. Aún hoy puede recrear en su mente aquellos días de miedo, pánico e incertidumbre; el sonido de las sirenas que lo arrojaban a cualquier refugio en cualquier lugar y momento, las columnas de humo a la distancia, el olor a pólvora quemada que el viento traía, el olor ocre, intenso, de los muertos y, por sobre todo, el grito y el llanto de los sobrevivientes, arrojados en el piso, lanzando su bronca y dolor en forma de lágrimas sobre sus seres queridos mutilados o irreconocibles. Los días eran muy largos y las noches infinitas. Eran épocas en las que se dormía de a ratos, con los ojos a medio abrir y el corazón palpitando con velocidad. Cualquier momento podía ser el último, cualquier explosión, que cada vez eran más cercanas, podía ser la que apagara todo.
Luca vivía en una gran casa, sobre la colina, a la que se accedía por un camino de adoquines; de perfectos adoquines, prolijamente ordenados; bordeado por un pequeño muro de piedra. Ese camino desembocaba en una gran puerta enrejada que una vez traspasada, y subiendo otros pocos metros, se llegaba a un hermoso parque verde, coronado con el caserón en el medio. Allí vivía con sus padres y sus dos hermanos menores. Su padre era una persona muy trabajadora que estaba mucho tiempo fuera de casa, su madre un ama de casa formidable, de una bondad absoluta y entregada al amor de sus hijos. Luca posee imágenes imborrables de su infancia; jamás olvidará las duchas que la madre les daba durante el invierno. Calentaba mucha agua y la colocaba dentro de un gran tacho, allí se metían de a uno y la madre los bañaba ayudándose con un pequeño recipiente. Para la salida tenía enormes toallones, previamente calentados en la estufa a leña, esperándolos para envolverlos. A eso le seguía un afectuoso abrazo.
Pero el contexto era salvaje y Luca recuerda cómo, lentamente, la guerra comenzó a golpear la puerta hasta que llegó el día en que ellos estaban en el medio. Sus padres no esperaban que eso sucediera. Pero así fue y la vida cambió; la escuela se mantuvo cerrada porque las sirenas no dejaban de hacerse oír, las explosiones se sucedían una tras otra y durante la noche se multiplicaban; desde la colina podía verse a la ciudad humeando e iluminada por el fuego, por la destrucción, por la muerte. Fue durante la madrugada del doce de abril el día en que el mundo se derrumbó para siempre en la vida de Luca; no había habido tantas bombas ese día, por lo que dormir fue posible. Pero un silbido, demasiado cercano esta vez, lo despertó. Duró menos que otros, tan sólo le dio tiempo de abrir los ojos, y lo que le siguió luego fue el caos; el trueno majestuoso, un rugido diabólico y áspero que lo rodeaba, e instantes después Luca se recuerda arrojado en el piso, entre escombros y polvo. El silencio que le siguió al rugido es el silencio que anuncia el desamparo y la tristeza infinita.
Hoy Luca transita ese camino por primera vez en más de sesenta años. Todo está muy parecido y muy diferente. Como si el tiempo se hubiera detenido en ese sitio pero asegurándose de dejar muestras de su presencia. Al llegar a la puerta de rejas Luca se detiene, observa la ciudad desde lo alto y no puede evitar que lágrimas se derramen sobre su tierra. Al apoyar la mano sobre la puerta y transitar los primeros pasos le parece sentir el olor de la comida casera de su madre. Pero sabe que es imposible. Cruelmente imposible. Aquella noche de abril toda su familia falleció, aún no sabe ni entiende cómo él sobrevivió. Son las travesuras del destino. Ese día se levantó entre los escombros y atónito y perdido caminó toda la noche. No podía quitarse de su mente la imagen de su familia muerta. Los siguientes dos meses se guardan de manera confusa en su memoria, lo cierto es que sin saber exactamente cómo, logró subirse a un barco con rumbo a la Argentina; donde fabricó una nueva vida pero jamás olvidó su tierra ni mató su deseo de volver.
Al traspasar la reja y caminar logra ver lo que era su casa, su hogar. El parque se mantiene con el mismo verde de antaño, pero el caserón es, ahora, una pila de piedras desordenada. Hay segmentos de pared que aún se mantienen en pie, pero no poseen más de un metro de altura. Luca puede ver, incluso, objetos, trozos de su infancia. Esperó mucho tiempo para esto creyendo que allí terminaría de cerrar un capítulo, pero lo que siente es un vacío enorme. Está allí, pero está llorando y no oye los pasos de su madre acercándose para abrazarlo y preguntarle como está, no escucha a sus hermanos jugar o pelear. Sólo hay silencio, el mismo silencio de aquella noche, el mismo vacío, igual, sólo que sesenta años después.


Portada | Categorías | Agrega tu blog | Contacta | Acerca de Granainfo | Site | crear fotolog
Todo el contenido del blog está bajo licencia Creative Commons. Granainfo 2006.