Madrid es pieza de caza mayor.
Madrid es la llave de la naci&-#243;n, la puerta que conduce, por pasillos rec&-#243;nditos y sinuosos, a los secretos camarines donde se guarda el elixir que otorga la presidencia de un pa&-#237;s en franca decadencia pol&-#237;tica: un presidente del gobierno especialista en traiciones, en vendettas particulares con fr&-#237;o filo de navaja trapera, maestro en el arte del hundimiento de todo posible "compa&-#241;ero" de fatigas que pueda hacerle sombra dentro del partido (uno tras otro van cayendo los bonos, las d&-#237;ez, los terreros o los v&-#225;zquez..., los maragall, e incluso las trinis han optado por cerrar la boca, tragar y mantenerse alejadas de pol&-#233;micas hasta el punto de "ganarse" un puestecito de churrera en los pa&-#237;ses de nuestros amigos Castro, Ch&-#225;vez, Morales y c&-#237;a).
Zapatero parec&-#237;a una buena persona, preocupado por el consenso, por el talante, y se ha revelado como un fr&-#237;o y calculador manipulador, un general sanguinario que no duda en sacrificar la vida de sus tropas en pos de la consecuci&-#243;n de sus objetivos, un rencoroso anclado en ideas trasnochadas que no pretenden sino dividir a los espa&-#241;oles en vez de hacer justicia hist&-#243;rica (la ya c&-#233;lebre frase escupida a la cara de Irene Villa merece figurar en el Libro Guinness de lo pat&-#233;tico, cruel y bastardo).
S&-#237;, Rodr&-#237;guez consigui&-#243; enga&-#241;arnos por un tiempo, con su sonrisa y su talante, con su Alianza de Civilizaciones que no ha resultado sino un fiasco (pues no puede haber alianza alguna con quienes no est&-#225;n civilizados), pero ahora, pasado el miedo a azn&-#225;res, zaplanas y acebes varios, el miedo es a zapateros y a pepi&-#241;os.
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