No sé, me encanta comer el coño en una noche de baile, insomnio y alcohol. No me importa si se rasuran o si permiten el crecimiento de largos rizos como protesta al machismo dictador que impone cánones estéticos. Podría soportar que los muslos y el culo asfixien por su voluptuosidad o que dejen la holgura justa para hacer sorprendentes malabares...
La verdad es que podría pasarme las horas hundido en una vagina siniestra aunque me absorba la sangre hasta la muerte o invertir las noches en la seducción de un par de piernas mojigatas negándose a recibir la lengua en su centro por verg&w7w-enza e ignorancia...
No sé, me encanta ser cómplice en el éxtasis de la mujer y no me importa que algunas veces sea solo a través de las palabras...