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Las Caras de Bélmez


23 de Agosto de 1971, Bélmez de la Moraleda (Jaén)

En una casa de pastores, en la parte alta del pueblo, surgió un rostro de la nada en lo más profundo de un viejo fogón de la cocina, mirando fijamente a María Gómez Cámara. Era una cara tosca, oscura, de trazos gruesos, como si hubiese sido dibujada por un niño. Comienza aquí el conocido misterio de las &4oCc-Caras de Bélmez&4oCd-. Un caso investigado durante más de 10 años, y que en su día la prensa declaró como fraudulento. El famoso periodista Íker Jiménez y el subdirector de la revista Enigmas, Lorenzo Fernández, participaron en la investigación y documentación del fenómeno, así como su predecesor Jímenez del Oso.

La noche del 23 de Agosto de 1971, la dueña de la casa, María Gómez Cámara, se encontraba cocinando en aquel antiguo fogón de leña a ras del suelo. Entonces se percató de una mancha con forma de cara que había aparecido en la piedra. Pensó que sería aceite u otra sustancia derramada de la sartén e intentó limpiarlo. Pero aquel rostro no desaparecía. Comenzó a asustarse y bajó a la calle gritando que había un fantasma de piedra que se había aposentado en el cemento de su viejo fogón, llamando la atención de los vecinos. En un principio se pensó en una simple casualidad. Diego Pereira, el hijo del matrimonio, picó la piedra para hacer desaparecer aquella mancha. Días más tarde volvió a manifestarse el mismo rostro&4oCm- de la misma forma. Y poco a poco iban surgiendo nuevas caras pertenecientes a niños&4oCm-

La pala del albañil Sebastián Fuentes León se hundió en el suelo de la cocina, justo en el punto donde estaban surgiendo los primeros rostros. Al llegar a una profundidad de cerca de 3 metros, el obrero se detuvo espantado: habían comenzado a aparecer huesos, restos pequeños de niños que alguien había enterrado allí alguna vez. El alcalde del pueblo y la Guardia Civil suspendieron la excavación. Allí no había restos de pintura ni cualquier otro material que pudiese provocar la aparición de las manchas en la superficie del cemento. Sólo se encontraron seis sacos de huesos&4oCm- y ni una sola calavera.

El lugar había sido en la época de la invasión árabe, una mezquita. Más tarde se construyó una iglesia en su lugar, y como solía ocurrir, los camposantos estaban anexados a las iglesias, por lo que no era nada extraño encontrar huesos enterrados bajo los cimientos de aquella casa. Pero, ¿por qué de niños? ¿Y sin las calaveras?

Germán de Argumosa y Valdés viajó desde la Universidad Autónoma de Madrid hasta Bélmez, enviado por el Ministerio de la Gobernación. Su misión era descubrir el fraude. El veterano profesor, seguidor de las corrientes científicas que en el norte de Europa investigaban el campo de la psicofonía, decidió probar suerte en aquel lugar tan asombroso. Díez magnetofones se colocaron en círculo junto al socavón abierto, donde habían aparecido los restos humanos. En pleno silencio se dio a la tecla de grabación. Multitud de psicofonías se grabaron en aquella casa. Muchas de ellas como respuestas a preguntas realizadas por los investigadores. Uno de los titulares con más éxito de la revista &4oCc-Pueblo&4oCd- fue: &4oCc-Las caras hablan&4oCd-.

En 1972, la brigada de Investigación Criminal sabía positivamente que no había rastros de pintura o disolvente en las más de 12 caras aparecidas en Bélmez de la Moraleda. La Iglesia comenzó a inquietarse. El obispo de Jaén, Miguel Peinado, inició su particular &4oCc-acoso y derribo&4oCd- del misterio. Las presiones sobre el alcalde no hicieron efecto. Las personas del pueblo sabían que allí no había fraude y se resistieron a mentir. Pero la maquinaria de la llamada operación &4oCc-Tridente&4oCd- ya estaba en marcha e iba a sepultar ante toda España la credibilidad del misterio. El 24 de Febrero de 1972, el periódico &4oCc-Pueblo&4oCd- amanecía con el titular &4oCc-Se acabó el misterio&4oCd-. Todo se atribuía al nitrato de plata.

La Iglesia no podía permitir que aquellas caras, consideradas manifestaciones divinas por unos, y bromas del diablo por otros, siguieran robándole adeptos. Por la casa pasaban más de 15.000 personas cada fin de semana. El acoso de la Iglesia llegó a tales extremos que llevaron a Manuel Rodríguez Rivas, el alcalde del pueblo, ante el Ministro de Interior en Madrid, Tomás Garicano, para amenazarle con que si no acababa con las caras, ellos acabarían con su cargo. El alcalde no se amedrentó y dijo que el fenómeno estaba ahí y no era ningún fraude. Lo pagó caro.

Silenciadas durante 25 años, y escondidas en los cajones de un archivo provincial, las Actas Notariales 00462 y 00467 demostraban quizá por vez primera en el mundo la existencia de un fenómeno paranormal que desafía todas las líneas de la lógica. El notario Antonio Palacios fue designado para aislar la cocina del misterio. Con procedimiento meticuloso se sellaron con plomo las puertas, se cubrió el suelo con recuadros de plástico y se organizó un dispositivo de vigilancia especial de 3 meses. Allí, sometidos por vez primera a riguroso control científico, quedaban los dramáticos rostros de Bélmez. La opinión pública nunca supo cual fue el resultado de la prueba. Después del precintado de la cocina aparecieron 16 nuevas caras. En los años 94, 95 y 97, el CSIC realizó nuevos análisis a través del departamento de Cerámica y Vidrio, revelando que no había ni sales de plata ni ningún añadido de pintura. La teoría del nitrato de plata realizada por unos periodistas obligados a mentir no era la verdad.

Pese a quien pese, el enigma sigue vivo, desafiando a todos aquellos que quisieron matarlo.

Fuente: Milenio 3

Hay mucho más tras el misterio de las Caras de Bélmez. Pero ya os contaré más otro día :P




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