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Fiebre de festivales en España

En pocos años, la Península se transformó en la referencia europea de los macroeventos musicales. Espectáculos de prestigio internacional que reúnen cada temporada a cientos de miles de jóvenes. Un repaso al auge de los festivales españoles.Imaginemos una veintena de Pilsen Rock repartidos por todo el Uruguay. Más de 100.000 personas moviéndose de festival en festival con el único interés de pasarla bien y ver a sus artistas favoritos. Sería impresionante. Eso es lo que pasa cada verano en España. Por lejos, es el país europeo con más festivales de música. Los hay para todos los gustos y edades, clásicos y modernos y repartidos por todo el país.

Los dos principales: el clásico FIB de Benicassim de Valencia y el novel Summercase, de Madrid y Barcelona.

El fenómeno de cada verano
Mientras la industria discográfica se desangra, la música en vivo crece en España a pasos agigantados. Un claro ejemplo es el éxito del fenómeno festivalero. Grandes eventos que duran varios días y agrupan a las principales figuras del momento. Inclusive, este año el éxito traspasó las fronteras españolas, principalmente, por la suspensión del Glastonbury inglés, uno de los mayores eventos musicales del mundo. Este hecho permitió que miles de turistas extranjeros se decantaran por visitar España en busca de sus artistas favoritos y, a su vez, logró que el calendario de giras de las grandes figuras termine en Europa en verano para continuar por Asia después.

De esa forma, el predominio de los grupos ingleses marcó los espectaculares carteles del Sumercase y el Festival Internacional de Benicassim (FIB). El primero, se desarrolló simultáneamente en Madrid y Barcelona (los que actuaban en una ciudad lo hacían al día siguiente en la otra y viceversa) y contó con artistas y grupos de la talla de Fatboy Slim, Rufus Wainwright, New Order (que el 18 de noviembre visitará por primera vez Argentina), Primal Scream, Keane, los resucitados Happy Mondays, Massive Attack y Daft Punk, entre muchos otros (www.summercase.com) En su primera edición, se puede decir que al clásico festival de Valencia le ha salido un serio competidor.

Y eso que el FIB (fiberfib.com) de este año resultará difícil de igualar con artistas de la talla de Depeche Mode, Placebo, Madness, Franz Ferdinand, Morrisey y los reunificados Pixies, que siguen peleados, vinieron en aviones separados y no compartieron backstage. Eso sí, confirmaron su vuelta a los estudios de grabación. Otro caso de relaciones extrañas dentro del mundo de la música. Al igual que el &4oCc-boom&4oCd- de los conciertos.

¡All star!
Los grandes nombres de este negocio tocan donde más le pagan, cobran cifras astronómicas y no se preocupan por vender sus canciones. Menos mal, porque sino estarían cortándose las venas. Cada vez venden menos disco&4oCm- pero ganan más plata. El tema es sencillo: hay mucha demanda de artistas, pero la oferta es limitada y eso eleva el caché. Si Alemania puja por tener a Madonna en las mismas fechas que España, al final España se quedará sin verla. Como pasó este año con el tour de la blonda.

Por eso las entradas cada día son más caras. Por ejemplo, asistir al Summercase costaba 150 euros, al FIB salía 160 y, sin ir más lejos, a cualquiera de los dos conciertos que los Rolling Stones darán en España, entre 82 y 162 euros. Y la gente las compra. Se agotan en cuestión de horas. La música en vivo es la parte del negocio que está funcionando mejor. De ahí el auge de los festivales. Nadie se quiere quedar afuera. Ciudades e intendencias fantasean con acoger un certamen de estas características, sobre todo porque es una plataforma para promocionar el lugar como marca y destino turístico. Como hace Durazno desde hace tres años.


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