world trade angels
Sin abandonar las iniciativas de Sinsentido, no quiero dejar pasar más tiempo sin comentar mi lectura de World Trade Angels, una de las novedades últimas que han llegado a las tiendas.
Es un libro extraño, lo digo de antemano. Porque está escrito con sumo cuidado, con una extrema delicadeza. Porque maneja materiales sensibles, porque transita los senderos de la ternura y del dolor. Y para hablar de miles de muertes, de lo insensato del horror, se elige una única muerte, un caso específico. Y se narra desde fuera, con ánimo casi entomológico: a ello ayuda una propuesta gráfica más cercana a la señalética que a la empatía, heredera de la tradición exquisita de los Swarte, Evermeulen y Ware (no sé si por ese orden, pero seguramente sí).
Es una historia que nos hace acompañar en su desconcierto a un personaje que se niega a ser consciente del terror, alguien que no admite su propia pérdida. Una historia que tiene mucho de Auster en el tratamiento de la realidad cotidiana y en el dibujo del misterio que acecha detrás de ella. Una historia que engancha, desarrollada con buen pulso y un ritmo lento, adecuado, de respiración, de sueño.
Sus autores son unos recién llegados, como quien dice, a nuestro medio, pero no unos aprendices de lo suyo. Por un lado, un escritor fantástico, Fabrice Colin, con una veintena de títulos en su currículo. Por el otro, Laurent Cilluffo, cuyo trabajo puede disfrutarse desde hace años en The New Yorker. Entre ambos han elaborado una elegía discreta, elegante, como susurrada al oído.
La edición de Sinsentido, ni que decir tiene, es ejemplar. El libro no acaba de serlo... quizá porque la parte del león emocional se la lleva lo literario en detrimento de un grafismo espectacular, delicado y meditado, pero no especialmente narrativo ni, desde luego, cálido.
Una propuesta, en cualquier caso, más que interesante. Si pueden, echen un ojo...