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Nunca pudimos hacerlo solos. Nacimos con falta de algo. Con exceso de timidez y lugares impúdicos idóneos para romper con el hielo. Es irónico cómo el amor se asemeja a estos lugares. Debe haber un hilo tan delgado que los una, y que nos parezca imposible de mirar. Es un tramo interminable el que hay en tu cuerpo donde se pueden representar las miles de formas y escenas en que podemos llegar a amarnos. Desde tu piel hasta tu boca, desde tus caderas hasta la firmeza de tus senos.
¿Recuerdas cómo terminamos de conocernos? Pensábamos que no se podía llegar a conocer del todo a una persona, pero nosotros lo conseguimos aquella noche al final de la carretera. Tú te apartaste de mí exhibiendo las piernas desnudas y los muslos hasta el pubis que invitaba, mientras evaluaba con pericia la potencialidad sexual de ese momento. Y mientras hacíamos el amor solíamos describir una aventura completa, desde las primeras pláticas en un cóctel party hasta el acto sexual en sí.
&Cgk-Mirando tu cara, la boca trémula que jadeaba como si quisiera devorarse a sí misma, moví la mano alrededor de tus senos. Tú reaccionaste casi inmediatamente al ruego de mi boca y a partir de ahí nos dejamos llevar bajo el resplandor de una luna en cuarto menguante.