pantalla
Hoy, en la pantalla de la televisión he visto niños muertos. Un buen puñado de ellos. Los sacaban de entre los escombros, cuerpos rotos, manchados de polvo y sangre.
Ayer mismo asistí a una conversación sensata en la que un sensato amigo defendía la postura de Israel en el conflicto echando mano de memoria histórica y diciendo claramente algo que casi nadie dice o quiere decir: es una guerra, en toda regla. Una de esas guerras modernas no declaradas y en las que las convenciones internacionales se ignoran. Una guerra contra el terrorismo, se ha ocupado Bush de insistir en ello: esto de Israel de ayer, de hoy, de los últimos días, forma parte de la guerra contra el terror que los USA iniciaron en Irak después de la caída de las torres.
Y hoy, viendo los niños muertos en la televisión, me reitero: no me importan las razones históricas, la posición de Israel en su entorno, el acoso del terrorismo islámico contra sus posiciones. Nada de todo eso tiene importancia, me parece, cuando la gente de Cruz Roja rescata cadáveres de niños de entre los escombros de un edificio aplastado por las bombas israelíes.
Y me pregunto cómo esperan, los israelíes y quienes los apoyan, que destruir un país como Líbano, aplastar sus infraestructuras, machacarlo sin piedad, metódicamente, pueda hacer que su población rechace a los radicales de Hezbolá y su política de hostigamiento. ¿No parece razonable pensar que de las ruinas lo único que puede surgir es el odio, el ansia de revancha? ¿No tiene la población libanesa el mismo derecho de defensa que invoca Israel para atacar? ¿No va a generar un apoyo incondicional a los radicales, en Líbano y en el resto de países árabes?
¿No hay manera de arreglar las cosas sin recurrir al cohete terrorista, al carro de combate, al bombardeo masivo... sin recurrir a los niños muertos? Me niego a pensar que no la haya. (Otra cosa es que haya voluntad de encontrarla...)