otra historia de amor
&4oCc-Quien no ama no existe, no vive, está muerto. Quien
tiene ganas de amar se levanta entre los muertos; y sólo está vivo quien ama&4oCd-
(Robert Walser)
Ninguna historia de amor
profundamente elevado
de áspera ternura
encuentra el origen de un final
cerrado y feliz.
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Temas tan hermosos y conmovedores habrían de ser motivo de grandes novelas &4oCT-dijo el Valija.
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Largas novelas &4oCT-apoyé-;
pero es difícil escribir extensas novelas en otoño. Si con nosotros estuviera Luciana diría que el otoño es el tiempo de la poesía.
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O de las sonatas &4oCT-dijo el Valija.
Existe cierta hora de culto para las historias de amor. A las dos de la madrugada es todavía posible escuchar -en demora una vez más- la sinfonía
Coral de Beethoven.
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Furtwangler, en la reinauguración del teatro de Bayreuth, en el cincuenta y uno &4oCT-aclaró el viejo Matías.
Pero las historias de amor
si son profundas y elevadas
se cuentan, en otoño, a las cinco
y cuarto de la tarde.
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Hora en que uno debiera darse un baño o salir a pasear con el suave viento de la ribera pegándole en la cara &4oCT-pensó el Valija.
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Conocí a una mujer &4oCT-dijo el viejo Matías-
que amaba apasionadamente a un hombre joven. Y con tamaña pasión lo amaba que hubiera deseado recorrer el mundo con él.Una mujer que bien pudiera haber sido sueca,
o rusa, o danesa,
una mujer en una enmarañada historia,
intrincada caminata para lectores
de novelas de amor, danesas, rusas o suecas.
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Pero lo malo del asunto es que ella estaba casada &4oCT-siguió el viejo-.
Y peor todavía: ella era incapaz de causar un disgusto a su marido.
¿Puede un lector de raza
escapar de la mirada temblorosa de los protagonistas?
¿Puede dejar sollozar por una mujer que casi pierde su sano juicio,
por dos hombres que la enloquecen?
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Poco faltó para que lo perdiera el bueno de su marido &4oCT-dijo Matías con un gesto resignado-.
Los tres eran demasiado nobles y sinceros como para atentar los unos contra los otros. A la mujer le hubiera encantado huir con el joven y fogoso amante, pero amaba a los dos.
Espantosa disyuntiva ¿cómo escapar
con el amante marchando
con el viento fresco
si al mismo tiempo de todo corazón
desea quedarse bajo la sombra diligente
del árbol de perennes hojas?
El mundo está repleto de auténticos -si no típicos- problemas novelísticos de las pasiones.
El esposo &4oCT-siguió el viejo-
quería con toda el alma que su mujer escapara. Embriagarse así de la plenitud amorosa de darle libertad; pero al mismo tiempo no podía aceptar ese permiso porque le partiría el alma. Por amor se lo concedió, y también por amor le imploró que se quedara.
Para no perder su cordura
que también por amor
y sólo por amor
quería perder y añorar por ella.
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La Novena está muy bien, pero el desborde y la orgía del ritmo están en la Séptima &4oCT-dijo el Valija-.
Contrastes inesperados, raptos desconcertantes, expresiones gigantescas que fueron el espanto de Goethe.
-¿Entonces Karajan? &4oCT-pregunté.
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No &4oCT-afirmó el Valija-.
Entonces Bernstein.
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No son posibles los finales redondos y felices &4oCT-dije.
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No los hay en las historias de amor &4oCT-confirmó Matías, y después:
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Lloró la mujer, porque no encontraba fuerzas para aletear con su amado joven ni para quedarse en el refugio de su amado primero. Lloró también el hombre, porque se vio obligado a pedir a su mujer que se quedara en casa, lo que le causaba un profundo dolor ya que quería otorgarle todo lo que ella deseara y no podía.Y lloró también el joven, capaz de consentir y comprender. ¿Acaso no ansía también el sufrimiento que lo alimenten?
La mujer quería, pero era incapaz;
quería el esposo, pero no podía;
el joven quería, pero no sabía.
Los tres, en el llanto unidos.
Historias como éstas se diluyen sin cesar en los caminos de Suecia, Rusia o Dinamarca, no pudiendo jamás alcanzar un feliz y cerrado final.
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Entonces Furtwangler, sin ninguna duda &4oCT-dijo el viejo Matías.