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No me gusta pero lo hago cuando debo

Recostada boca arriba me pidió que le besara los senos. De entrada no me pareció agradable la idea pero conforme transcurría el tiempo y se los besaba y succionaba cada vez más me fue pareciendo al principio soportable y después incluso medianamente agradable.

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Después de todo, se trata de un montículo de carne relativamente blanda con sabor simplemente a piel aderezada con algún perfume aplicado en alguna zona cercana o directamente en donde estás besando y chupando.

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La situación se agravó cuando me pidió que bajara la mano hasta su monte de Venus. Recuerdo claramente la sensación que experimenté. Todavía se me pone la piel de gallina cuando recuerdo esa primera vez que mi mano tocó un monte de Venus ajeno.

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Sé que mucho tuvo que ver mi edad y la cultura donde crecí. Así que estaba y quizá sigo estando prejuiciada contra cosas como el lesbianismo y de que te sientes como manchada si tocas una parte íntima femenina que no sea la tuya. Sientes como si hubieses cometido un pecado en el cual no hay perdón.

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Además mis tendencias son netamente heterosexuales, así que cuando estiro mi mano y siento ese promontorio de carne totalmente cubierto de pelo, reaccioné como si me hubiera dado un toque eléctrico e inmediatamente quité la mano.

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Marthis algo me dijo que me hizo regresar la mano a su monte de Venus, en esta ocasión me armé de valor y la dejé más tiempo, no sabía que hacer así que empecé a recorrerlo con las yemas de mis dedos tratando de &4oCc-despeinarla&4oCd- si es que cabe el término porque si mal no recuerdo los tenía bastante despeinados, esponjados y rizados.

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Yo continuaba besándole el busto, le chupaba el pezón izquierdo cuando me dijo que metiera la mano &4oCc-más abajo&4oCd-, dándome a entender que mis dedos cruzaran la barrera del monte de Venus y se internaran de lleno en sus labios. No le hice caso, simulé que no la había oído y la seguí chupando, mi mano no había avanzado más allá de su pubis.

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Con un movimiento rápido Marthis abrió sus piernas, tomó mi mano y la empujo hasta que sentí en mis yemas una vulva ajena por primera vez.

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No quiero ser injusta por lo que a continuación diré. Marthis era muy guapa, limpia y agradable, estoy plenamente segura que cualquier hombre quisiera tenerla en su cama.

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Pero cuando mis dedos rozaron sus labios menores sentí un escalofrío que me recorrió toda la espalda, se me revolvió un poco el estómago, lo admito, casi quería llorar.

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Me recordó mucho cuando iba un súper y en la sección de pescadería, por accidente metía los dedos donde están los moluscos, pulpos, calamares, etc.

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Una piel súper suave, delgada, en extremo tersa, húmeda y viscosa y hasta con olor similar. Aunque claro, estando en su busto, en ese momento el olor no lo percibía.

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Pasaron mil cosas por mi mente. Una fue que me dio un enorme gusto dentro de la sensación de escalofrío y estómago revuelto, ser mujer, porque de ser hombre tendría que lidiar con eso con mucha frecuencia, de hecho, es algo que he pensado muchas veces y lo sigo pensando.

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Al sentir Marthis mi rechazo estiró su brazo por atrás de mi espalda y alcanzó a acariciarme al nacimiento de mis nalgas, debido a mi postura no me las alcanzaba completamente.

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Para ser honesta esa idea sí me gusto. Deje de besarle los senos y me volteé, me puse en cuatro viendo hacia sus pies, casi le puse las nalgas en la cara.

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Con ambas manos me las acaricio mientras yo me limitaba a rozarle levemente los labios más que con la yema, con la uña. Puso su yema en mi esfínter, en la entrada del ano y empezó con movimientos circulares empujando cada vez más fuerte tratando de entrar.

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Estaba seco, no podía entrar, retiró su dedo de mí y se lo llevó a la boca para ensalivarlo, luego lo pasó por toda mi vulva para impregnarlo de lubricante natural, volvió a ponerlo en la entrada rectal y regresó al movimiento circular que me estaba haciendo. Después de varios intentos lo logró.

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A diferencia de otras ocasiones con los chicos, especialmente JManuel y Raúl1 esta vez no sentí dolor y sí bastante placer.

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De nuevo sólo metió una falange, máximo medio dedo, me enardeció, me calentó, me excitó inmediatamente como cuando se enciende un motor.

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Yo reaccioné tocándole mejor la vulva, coloqué firmemente la yema y oprimí un poco, sentí lo que parecía el clítoris y empecé a darle masaje. Era lo que yo llamaría &4oCc-un dialogo silencioso&4oCd-, durante unos minutos no emitimos ni una sola palabra.

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El encanto terminó cuando Marthis me sacó lentamente el dedo y me pidió que se la mamara. No sé que cara habré puesto ya que Marthis comprendió que no estaba lista y que por mis reacciones quizá nunca lo estaría, así que me dijo algo que se me grabó tanto que todavía lo recuerdo bien: &4oCc-Bésamela, me conformo con que me la beses y te mojes las trompas de m&w63igJ0-

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Tampoco me agradaba esa idea pero no supe negarme y tal vez, muy en el fondo, sabía que podría ser la única oportunidad en mi vida de averiguar &4oCc-a que sabía una mujer&4oCd-.

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La miré a los ojos, estaba hincada en la cama de espaldas a ella y con el torso volteando a su cara, nos miramos fijamente en absoluto silencio.

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Llevé mi cabeza atrás y miré al techo, respiré hondo y volví a verla a los ojos. Sin mediar palabra me fui moviendo hasta quedar en medio de sus piernas y le vi de nuevo su parte íntima, me fui acercando hasta que mis rodillas estaban entre sus talones.

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Ya no tuve valor de verle la cara, le miraba del ombligo hacia abajo, estaba pensando donde darle el beso, decidí dárselo lo más arriba posible donde se unen los labios menores. Fui arqueando mi espalda conforme mi cara se acercaba a su vulva, esta se veía cada vez más y más grande y su olor era más y más perceptible.

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Días después recordando ese preciso momento, comprendí porqué hay tantos chistes y es del conocimiento popular la analogía con el olor a pescado.

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Mi cara se encontraba a unos centímetros, su olor me estaba aturdiendo y cerré los ojos de manera inconsciente, automática. Detuve mi avance, se me había terminado el valor de acercarme más, ya no podía.

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Súbitamente sentí las manos de Marthis en la parte trasera de mi cabeza, venían en mi ayuda. Ella entendió que por mi misma, los labios de mi boca jamás harían contacto con sus labios vaginales, suavemente me fue atrayendo hacia ella hasta que se realizó el contacto.

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No me fue agradable por sí mismo pero el hecho de que ella me hubiera ayudado a corresponderle me hizo ser más receptiva y sobretodo cooperativa.

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No me gustó el sabor aunque a fuerza de ser sincera, esperaba algo peor, aún así me pareció muy amarga, a diferencia del hombre que es entre dulzón y agridulce.

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Me parece que su sabor es menos fuerte que su olor, me lo pareció con Marthis y con otras chicas con las que tuve experiencias lésbicas.

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Después de plantarle el beso me hizo un ademán de que me le subiera. Me dije que prefería los besos en la boca o en los senos antes que darlos allá abajo, así que reaccioné rápidamente a su invitación de acostarme sobre ella.

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Así lo hice, nos besamos un poco, me bajé de ella, me recosté en mi lado de la cama y le di la espalda estando desnuda todavía argumentando que estaba cansada y que en un momento me vestiría.

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La verdad es que lo que realmente deseaba era que &4oCc-me cogiera&4oCd- con dos dedos como lo había hecho Jesús H, todavía me quedaba un poco de ganas para eso.

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Sin embargo Marthis levantó la almohada sacó el dildo que estaba ahí y se paró a dejarlo en el cajón de donde lo había sacado. Ella se daba por satisfecha que la primera vez que mis labios se habían impregnado de líquido vaginal era el que provenía de su vagina era &4oCc-un triunfo&4oCd- para ella, así lo percibía yo, eso que flotaba en el ambiente, y su cara de satisfacción, su leve sonrisa afable lo reflejaba.





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