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De vez en cuando puedes lograr ver algo detrás de sus ojos, que si bien no está oculto, vislumbra la perfección de cualquier verano en el calendario que tanto se deteriora con el paso de los años. La vida cambia en un instante, la vida se va y vuelve rápido. Sin ser sencillo sucede: ella aparece en el momento más inesperado de tu vida. Y lo único que puedes hacer es tomarla, prepararle la tina e improvisar una cena.
Su mirada es de quien no entiende una pérdida, una flexión rápida y dolorosa para incorporarse y ser dos en la cama. Hazte un sitio. Todos tienen un sitio donde ocultarse cuando la vida se vuelve vida &4oCT- real y concreta &4oCT-, y las vacilantes de aquellas otras mujeres se convierten en cosas triviales de las que nunca tuviste que preocuparte. Y lo sabes.
No tener consiste en eso, en la facilidad que uno adopta ante la pérdida. Una vez aprendimos a mirarnos sabiendo que teníamos poco tiempo antes de que fuera imposible soportar las grietas de quien tiene que irse lejos, prometer volver, y cumplir exactamente lo contrario. Tener todos esos planes me convirtió en un mapa enorme que terminó por desorientarme. A partir de ahí prometí no volverme a hacer caso cuando me insisto. Nunca.