"La primera palpitación de Lolita"
Vladimir Nabokov,
El hechicero (Barcelona: Anagrama, 1994), pp. 137.
"¿Era concupiscencia este tormento que experimentaba mientras la estaba consumiendo con los ojos, maravillado por el sonrojo de su cara y la compacta perfección de cada uno de sus movimientos?"
En febrero de 1956, Vladimir Nabokov, en su casa de Ithaca, estaba ordenando unos papeles para ser entregados a la Biblioteca del Congreso cuando encontró el manuscrito de esta novela que escribió en 1939 (en ruso). Dimitri Nabokov, su hijo, la tradujo al inglés y la publicó en Nueva York en 1985, precisamente todo esto nos lo cuenta al final, en un apéndice titulado &4oCc-Sobre un libro titulado
El hechicero&4oCd-.
Me ha parecido espléndida. No guarda la maestría de
Lolita, por supuesto, ésta la percibí más "inocente", digamos que más obvia en sus descripciones, como si fuera un boceto de lo que más tarde será la magistral
Lolita. El tema es el mismo, un hombre de cuarenta años que tiene fascinación por las niñas púberes. Un día va a un parque y conoce a una niña de doce años de la cual queda prendado. Realiza todo un plan para contraer matrimonio con la madre de la niña, una mujer viuda y enferma que muere al poco tiempo. El hechicero (Arthur) lleva a la niña de vacaciones y la primera noche que pasan juntos en el hotel empieza a acariciarla:
Entonces, dando inicio gradualmente a su hechizo, comenzó a pasar la varita mágica por encima del cuerpo de la niña, casi rozándole la piel, torturado por el atractivo que ella ejercía sobre él, por su visible proximidad, por el fantástico acercamiento que permitía el pesado sueño de esta niña desnuda, a la que, por así decirlo, estaba midiendo con un centímetro mágico...
Pero cual no sería su sorpresa cuando se percata de que la niña estaba completamente despierta y "miraba horrorizada su encabritada desnudez":
La niña miraba y chillaba, pero el hechicero no oía aún sus chillidos; estaba ensordecido por su propio horror, de rodillas, cogiendo la colcha, tirando del cordón, tratando de frenar aquello, de ocultarlo, restallando en su espasmo oblicuo, tan insensato como un martilleo musical, descargando insensatamente cera derretida, demasiado tarde para frenarlo o esconderlo. Cómo rodó ella fuera de la cama, cómo se puso ahora a gritar, cómo salió despedida la lámpara con su capucha roja, qué fragor llegó desde el otro lado de la ventana, un fragor que hizo añicos la noche, que la destruyó, que lo demolió todo, todo...
--Calla, no es nada malo, sólo es un juego, a veces ocurre, pero calla, calla --imploró él, viejo y sudoroso, cubriéndose con un impermeable
Pero la niña no se calla y sus gritos son escuchados por los demás huéspedes. El hechicero sale de la recámara y escuchando aun los gritos (descalzo y con el impermeable) "comenzó a hundirse gradualmente". Se dirige corriendo a la calle y... "la película de la vida estalló por fin".
Un relato cautivante, mezcla de tragedia y comedia. Al terminar de leerlo recordé un sueño que tuvo Juan García Ponce sobre
Lolita y su creador (1):
Detrás de un escritorio, estaba sentado alguien, no tenía ningún aspecto o no puedo recordar qué aspecto tenía, pero en mi sueño, sabía que era Vladimir Nabokov. Ahí, sentado detrás de su escritorio, estaba esperando que le llevasen a Lolita. Alguien tomaba alguna de entre las muchas niñas reunidas en el cuarto de al lado y se la ponía frente al escritorio. Nabokov negaba con la cabeza. Esa no era la Lolita verdadera. Yo, en mi sueño, como testigo de la escena, pensaba: &4oCcwqE-Qué sentido de la novela tiene! ¡Cómo retrasa la aparición de Lolita!&4oCd- Y entre las niñas reunidas estaba Lolita. Sin embargo, desperté antes de que la Lolita verdadera llegase a estar frente a Nabokov. En la cama todavía, mientras el sueño se borraba en sus detalles cada vez más rápidamente, me propuse escribir un ensayo en el que contase lo que pudiese recordar de ese sueño e hiciese ver, mediante las palabras, que su mérito como sueño consistía en que, muy probablemente, revelaba la verdad: Nabokov, quizá, mentía cuando en una entrevista afirma qué el odia a las niñas y también dice que su pintor favorito es Balthus, pero no porque pintase niñas. ¡Qué maravillosa manera de revelar la verdad mintiendo! Es cierto: mediante la literatura es igual que se imaginen o se transmitan experiencias. Sin embargo, si no se tiene la experiencia, cada quien imagina o sueña lo que no ha experimentado en la realidad y Lolita existe; la literatura le ha dado &4oCc-realidad&4oCd- a lo que Nabokov quizá sólo vivió en la imaginación.
(1) &4oCc-Nabokov: un sueño y un ensayo&4oCd-, en
De viejos y nuevos amores, vol. 2.