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Jacques el fatalista: Diderot

Denis Diderot, Jacques el fatalista (Buenos Aires: Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, 2004), Traducción y notas de Félix de Azúa, pp. 345.

"Nada hay tan difícil de perdonar como el mérito" (Diderot)

En Jacques el fatalista, la extraordinaria novela del enciclopedista francés Denis Diderot, se cuentan muchas historias: un criado, Jacques, y su amo viajan juntos, y este contar acontecimientos les distrae en el camino. El amo desea que Jacques le cuente la historia de sus amores, historia que éste inicia pero que se ve interrumpida constantemente por varios factores: a veces se encuentran a otras personas y entablan conversación o se detienen en un albergue, otras veces de la conversación mana otra historia y de ésta otra y otra, además de un ir y venir en el tiempo de una historia a otra, ello hace que en ocasiones una historia se deje suspendida para continuarse más adelante.

El discurso narrativo además de contarnos una historia, nos ofrece una situación comunicativa: alguien, un narrador, cuenta una historia a otro, el narratario. Recordemos que el narratario no es el lector del texto, éste está, como el autor, fuera de la situación narrativa o ficcional. El narratario es el equivalente del narrador, el que ocupa el lugar del "otro", aquel a quien se orienta el discurso (que a veces no es sencillo localizar). Jacques el fatalista implica un universo de ficción, una historia adonde la situación narrativa (narrador/narratario) da sostén a esa historia. Antes de continuar, tengamos presente el no confundir situación narrativa con situación (o enunciación) literaria. En la primera los protagonistas son el narrador y el narratario y en la segunda el autor y el lector, los cuales, de inicio, quedan fuera de la situación narrativa o ficcional. Entre autor y lector no hay comunicación a través del texto literario puesto que el escritor no se comunica por medio del lenguaje, sino que nos comunica lenguaje, como señala Martínez Bonati en La estructura de la obra literaria. La obra es un universo autónomo con leyes propias y sin embargo, en Jacques el fatalista sí se presentan manifestaciones del autor y del lector. ¿Qué sucede entonces? ¿De qué forma puede manifestarse el autor en la obra?

Dice María Isabel Filinich, en La voz y la mirada, que la manifestación del autor en la obra puede ser explícita, implícita o ficcionalizada. Explícita, cuando "el autor habla en su propio nombre, en tanto creador de un universo de ficción que reflexiona acerca del mismo" (las dedicatorias, los prólogos, las notas al texto, atc.). Implícita, "entendemos por manifestación implícita el conjunto de rasgos de la escritura, presentes en la configuración general de todos los textos: las elecciones estilísticas, el destino de los personajes, la disposición gráfica, las convenciones de género, en fin, todo aquello que dé cuenta de las estrategias de composición de la obra constituyen al autor implícito". La tercera forma de representación del autor es la ficcionalizada y es justamente la que hallamos en Jacques el fatalista, y está elaborada con esa gran maestría de Diderot. En esta representación, "el autor puede introducirse en el universo por él creado a condición de asumir el mismo estatuto de existencia que los demás entes que pueblan ese universo. Así, el autor puede "ficcionalizarse" como narrador, como personaje, o como narratario. Al asumir alguno de estos papeles podrá realizar las acciones propias de cada entidad ficcional: narrar (si se presenta como narrador), dialogar con los demás personajes y efectuar otras acciones propias de su papel en tanto personaje-autor (si se ficcionaliza como personaje), o escuchar la historia que un narrador cuenta (si se presenta como narratario":

Estas apariciones del nombre propio del autor atribuido a un narrador, a un personaje o a un narratario, no pueden confundirse ni con la figura del autor explícito ni con la del autor implícito. La ficcionalización del autor tiene la función de borrar las fronteras entre enunciación "real" o literaria, en la cual están implicados el autor y el lector, y enunciación ficticia, cuyos protagonistas son narrador y narratario.

Estas tres modalidades en las que se manifiesta el autor en la obra se aplican también, de forma análoga, a la figura del lector. En Jacques el fatalista hay varias apelaciones, por parte del autor ficcionalizado (que siempre tiene un estado de privilegio), a la presencia del lector.

La novela se configura con historias que poseen diferentes situaciones comunicativas. Cuando esto sucede, cambia el sujeto de la enunciación del relato primero pues el narrador-autor cede la palabra a un personaje y éste, entonces, se convierte en narrador de su propia historia, por ejemplo:

Mientras Jacques y su amo duermen, voy a cumplir mi promesa y contaros la historia de aquel hombre que tocaba el contrabajo en la prisión; o más bien, será Gousse quien os la cuente. Me parece importante destacar, que el personaje-autor llega a un extremo sorprendente de hacerse obvio: o se pone a platicar con su destinatario, el lector ficcionalizado, o lo llama o lo interrumpe o discute con él. Y, al mismo tiempo, el lector interviene y hasta lo corrige. Veamos algunos ejemplos:

Habla el personaje-autor-narrador a su narratario:

1. ¿Así que no queréis que Jacques continúe con la historia de sus amores? Decidlo de una vez por todas: ¿os gustaría o no que Jacques explicara la historia de sus amores?

2. -¿Dónde, dónde?
-Señor lector, ¡sois de una curiosidad verdaderamente incómoda! ¿Qué demonios puede importaros? Aunque os dijera que hacia (...) ¿adelantaríamos algo con ello? Ya que insistís, os diré que se dirigían hacia..., sí; ¿por qué no?

3. Si no os dije que Jacques y su amo habían pasado la noche en Conches, y que se alojaron en casa del teniente general de la ciudad, fue porque no se me ocurrió hasta este momento.

Dice el personaje-lector (narratario) al personaje-autor-narrador:

4. ¿Qué es eso de los libros...? -¿Y Jacques y su amo? ¿Y los amores de Jacques?

¡Ay, lector! La paciencia con la que me escucháis prueba el poco interés que os inspiran mis personajes, y tentado estoy de abandonarlos donde están...

El personaje-lector (narratario) corrige al personaje-autor-narrador:

5. Era tarde; la puerta de la ciudad estaba cerrada, y se habían visto obligados a refugiarse en los arrabales. Allí, oigo un gran escándalo. -¡Oís! Vos no estabais; no se trata de vos, vos no estábais. -Es cierto. Bueno, Jacques... su amo... Se oyó un gran escándalo. Veo dos hombres... -Vos no veis nada; no se trata de vos, vos no estabais. -Es cierto. Había dos hombres hablando tranquilamente sentados en una mesa, frente a la habitación ocupada por Jacques y su amo (...)

Jacques el fatalista posee un discurso complejo pero sumamente interesante: pone en juego varias historias dentro de la historia y cada una de las cuales posee una relativa autonomía sintáctica. Todas ellas se insertan en un universo adonde existen las paradojas (sobre todo en las reflexiones de Jacques), el humor, la ironía, la crítica, la filosofía de la vida cotidiana y la filosofía universal. Muchas de estas historias son paralelas, otras convergen y otras están subordinadas, pero todas magistralmente articuladas por un notable escritor.


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