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Intercambio de fluídos ardiente

Me hinqué poniendo mis codos en sus rodillas, le tomé el miembro que estaba muy resbaloso, lo que se me ocurrió fue frotarlo con mis manos para tratar de quitarle el exceso de humedad. Le quité lo que pude, el resto se diseminó por todo el tallo, empecé a jalarla para ver si se secaba un poco más.

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Hice lo que pude y me dije, &4oCc-ni hablar, voy a tener que tragar mis propias babas. Como mujer muchas veces me va a tocar hacerlo, directamente del dedo o de la verga de mi hombre, está bien mientras no tenga que ser directamente de mí misma.&4oCd-

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Se la chupé con cierta desconfianza, afortunadamente mi propia saliva empezó a diluir el lubricante que quedaba, y se me empezó a olvidar ese inconveniente.

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Seguí haciéndole la felación, mientras mi cara subía y bajaba me acariciaba el cabello, las mejillas con el dorso de su mano y de vez en cuando me apretaba la nariz, lo cual yo lo sentía como un acto muy cariñoso y muy bonito.

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Me pidió que me pusiera de pie y que le diera la espalda. Puse mis pies a los lados de sus piernas y mi trasero a la altura de su cara, estando así volví a chupársela.

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Jesús H estaba reclinado hacia atrás, lo cual me ayudaba a no tener que agacharme demasiado. Aún así, mi trasero estaba más arriba que la línea de mi cabeza. Sentí unas cuantas caricias de su lengua en mi parte íntima y luego de unas lamidas, pasó al ano.

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Ya que como digo este diario íntimo es sin tapujos ni mentiras, tendré que ser tremendamente honesta y sincera en lo siguiente, de antemano me disculpo por lo que muchos podrían considerar una falta al buen gusto:

Cuando me lamió atrás, fue muy obvio que no le gustó, el mismo me había ensuciado con su juego erótico de dedos, que era mejor que los que me hacían Raúl1 o JManuel.

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Fue muy evidente, inmediatamente dejó de lamer y se concentró en darme mordidas en la parte más baja de las nalgas. Estando tan excitada y con 14 años no reflexioné al respecto, hasta tiempo después.

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Además de morderme las nalgas metió un dedo en el ano moviéndolo en círculos, como solía hacerlo. Después metió un segundo dedo, supongo que el índice y el cordial de su mano derecha.

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Siguió con ese movimiento que me enloquecía como si quisiera limpiar las paredes del recto, metí todo su pene en mi boca hasta tocar con mis dientes la raíz, se los clavé.

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Estábamos compenetrados en nuestro intercambio de placer dentro de ese pequeño sauna improvisado, algo nos sobresaltó, oímos que tocaban la puerta del closet&4oCm-.




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