Homenaje a Mario Martínez: Nuestra levedad actual se traduce en silencio, falta de compromiso, limitada solidaridad
Mi estimado Jorge Araya me ha enviado este texto, un homenaje a su camarada y amigo Mario Martínez, asesinado por la dictadura de Pinochet. El joven dirigente estudiantil Mario Martínez apareció muerto en las costas de las Rocas de Santo Domingo, luego de que fuera secuestrado en Santiago.
Ahí va el texto:
Mario Martínez y La insoportable levedad del ser Por Jorge Araya Moya
Conocí a Mario por el año 85 cuando estaba trabajando como monitor del Icheh; en el período previo me había correspondido estar en las primeras líneas como dirigente en la UC. La visita de Mario con un grupo de la USACH, buscaba apoyo para preparar a los militantes DC para disputar la federación de estudiantes con Andrés Rengifo a la cabeza.
Mario acompañaba pero estaba más interesado en las ideas, se cuestionaba sobre nuestra estrategia para acabar con la dictadura, creo que Mario tenía conciencia clara de que todas las batallas se subordinaban a la gran batalla por terminar con el régimen autoritario.
Mario había leído a Gandhi, Helder Cámara, Luther King: ¿Era posible esta estrategia de no violencia en medio de una dictadura que no tiene el control de la opinión pública, que no rinde cuentas ante nadie, que ya se encuentra aislada internacionalmente?.
¿Tenía sentido nuestra opción por la no violencia si veíamos compañeros que pasaban de 40 días en huelga de hambre sin que nadie con poder real hiciera algo?.
Todas nuestras acciones día a día eran no violentas (francamente nuestras eventuales salidas de madre eran cosa de niños en ese contexto) en algunas jornadas marchábamos en la universidad o la calle, en otras, estábamos en algún acto solidario, estábamos en paro o en toma, panfleteando, pintando, discutiendo sobre nuevas acciones, guitarreando a veces, reinventando la marcha de la Patria Joven, sólo con jóvenes a lo largo del país.
De campamento para levantar la candidatura de Campusano o Pedro García a la presidencia de esa sociedad ideal que sólo existía por algunos días, en un rincón de Vilches.
Mario se cuestionó honestamente, buscó con profundidad y descarnado interés, se comprometió, y asomado para denunciar la miseria de ese régimen, encontró la muerte.
Le escuché decir a un camarada que participó en la Comisión Rettig que era sorprendente ver que entre los detenidos desaparecidos o muertos por la dictadura hubo un número significativo de Demócratas Cristianos, sorprendente observación en un Partido que poco los ha recordado y reivindicado; pero Mario es joven con nosotros, lo conocimos. Estábamos presentes con él, como ahora, para saber quienes somos.
Contrasta, es cierto, tanto testimonio para llegar a las limitadas condiciones que parecemos tener ahora en Democracia.
Contrasta la honestidad de nuestro movimiento con el silencio de estos días, que no es silencio de conformidad.
Contrasta el heroísmo con nuestros miedos actuales.
El protagonista de &4oCc-La insoportable levedad del ser&4oCd- pasa de ser un prestigiado médico a un improvisado limpiador de vidrios, luego un lejano campesino que muere, sin que importe ya nada, a nadie.
A él no le interesó la política, pero si la verdad.
Mario con todo el poder de la vida de un joven, con toda nuestra entrega y testimonio, fue muerto, silenciado para siempre.
La gran batalla que le interesaba a Mario se ganó, son otras las condiciones, es distinto el valor de la vida en estos días.
La gran metamorfosis afecta a otro, que pasa de gran dictador a asesino, ladrón y traficante de armas o cocaína. En este caso, se restituye el valor que corresponde, según el peso humano y valórico del personaje.
Nos queda, sin embargo, un murmullo de inconsistencia, una crítica imagen de lo logrado en estos años.
Me queda el temor de que el poder autoritario y aplastante haya sido reemplazado por los estrechos caminos de nuestra democracia, un sistema que exige perfiles muy específicos de lo políticamente correcto, hasta moldearnos para ganar el ingreso al red set criollo u olvidarnos higiénicamente.
Nuestra levedad actual se traduce en silencio, falta de compromiso, limitada solidaridad. ¿Dónde están muchos de nuestros camaradas?. Hay quienes se han quedado sin trabajo, hay quienes ya no creen.
¿Tiene una generación una segunda oportunidad para ser mejores que el sistema en el cual viven?.
Jorge Araya Moya, (Dirigente PUC 81 al 85. Candidato JDC 1987)