En una época, en América Latina, la literatura femenina se convirtió, gracias a las editoriales y al mercado, en una literatura que tenía una manera específica de producir novelas. Era una imitación de García Márquez en la que el llamado realismo mágico brillaba por su esplendor. Era literatura de entretenimiento. Tenía, eso sí, un grado superior a las revistas de moda y algunas novelas son muy buenas porque tienen oficio. No es posible denigrarlas, pero no es el tipo de literatura que a mí me interesa.
La protagonista de esta novela es Nora García (que ya conocimos en El rastro, la novela finalista del Premio Herralde 2002), una escritora que escribe su propia historia y que tiene un diseñador de zapatos favorito: Salvatore Ferragamo, pero también le gustan los zapatos de André Perugia, Christian Dior e Yves Saint Laurent. A veces se pregunta "¿Qué tipo de calzado habrá usado Vera Nabokov?" o recuerda que "la primera mujer que usó zapatos de tacón fue Catalina de Médicis, una mujer de muy pequeña estatura". Calzar zapatos de diseñador es para ella indispensable "si se quiere pasar sin dificultad de un texto a otro, es decir, si se quiere escribir una nueva novela" ya que los zapatos "conectan con la realidad". Mientras escribe, Nora García recuerda su vida, habla de sus perros, de su visita al médico (para hacerse una mastografía), viaja en el metro de Londres, toma ginebra, se reúne con sus amigos y, por supuesto, compra zapatos.¿Cómo definir con palabras los sentimientos y los afectos? Que es muy dificil me parece fuera de toda duda, además, ¿no dice el poeta que las palabras chillan como putas? Cuando chillan es imposible usarlas para decir lo que uno quiere decir y yo por más que intento no consigo pensar en cosas comunes y corrientes o simplemente humildes... Vivir es un gran amor: el placer de vivir, de comprarme zapatos, de leer, de viajar, de observar.
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