Ganadores de gran premio literario chileno no están publicados por las grandes editoriales
Cada año el Consejo Nacional del Arte y la Cultura premia las mejores obras en diferentes géneros, publicados el año anterior, con 8 millones de pesos cada una. Es uno de los premios literario más significativos de Chile.
Ayer fueron premiadas las mejores creaciones editadas durante el año 2005. En novela, la obra premiada fue
Cadáver tuerto, de
Luis Eduardo Labarca; en cuento,
Luisa Eguiluz,
Ceremonias interrumpidas &4oCT- cuentos breves;
David Benavente en teatro, por la recopilación de sus obras
Teatro chileno: Pedro Juan y Diego &4oCT- Tres Marías y una Rosa &4oCT- Tejado de vidrio &4oCT- Tengo ganas de dejarme barba;
Pablo Oyarzún se adjudicó el premio en ensayo por
Entre Celan y Heidegger, y en poesía
Gonzalo Millán, por
Autorretrato de memoria.
Dos cosas hay que resaltar en esta premiación.
Primero, a primera vista, (no tengo la lista de los demás concursantes) los premios parecen haber sido escogidos con la mayor seriedad. Todos los ganadores tienen la trayectoria suficiente para aceptar que sus obras pueden ser premiadas. También la calidad de los jurados es importante. (En cuento: Teresa Calderón, Lucero de Vivanco, Carlos Iturra, Patricio Lizama y Claudio Rolle. En novela: Guadalupe Santa Cruz, Elvira Hernández, Virginia Vidal, Alberto Madrid y Pedro Pablo Guerrero. En Teatro: Carola Oyarzún, Flavia Radrigán y. Alejandro Goic. En Ensayo: Kemy Oyarzún, Humberto Gianini, Leonidas Morales, Grinor Rojo y Oscar Luis Molina. En Poesía: Delia Domínguez, Malú Urriola, Floridor Pérez, Eduardo Llanos y Elicura Chihuialaf.
Lo segundo: las obras fueron publicadas en editoriales, pequeñas, algunas de ellas autogestionadas. Catalonia Libros (Labarca y Eguiluz), CESOC (Benavente), Ediciones Universidad Diego Portales (Millán) y Metales Pesados (Oyarzún) La conclusión es muy definitiva: Las grandes editoriales transnacionales no están publicando lo mejor de la actual literatura chilena. Las razones son variadas, pero sin duda que la fuerte tendencia a publicar obras comercialmente rentables, los ha llevado definitivamente a perder el rumbo como agentes del arte. Esas editoriales han optado por el Señor Mercado, donde los central son las ganancias rápidas.