final de mes
El fin de semana he podido ver un par de excelentes películas, de las que me reconcilian con el cine como medio flexible y capaz de expresar emociones con un mínimo de elementos y un máximo de talento. (De esas lentas, que dirían algunos...)
Primero,
Broken flowers, de Jim Jarmush, con un Bill Murray post-Lost in translation que se ha transformado en un puro icono vagamente pop y de apabullante solidez dramática. El reparto femenino es de respeto, y Jarmush sigue tan lacónico como de costumbre, elegante y matemático: sabe bien cuándo y dónde debe cortar una secuencia y cuándo puede mantener el plano.
Luego, anoche,
La vida secreta de las palabras, de la Coixet, una muchacha a la que se tiene aprecio en esta casa, ya saben. Lo que hace me ha gustado siempre mucho, y esta última película está a la altura de sus mejores títulos, con una actriz protagonista fascinante y una labor contenida por parte de Tim Robbins que invita al aplauso. La historia, además, tiene un núcleo terrible, una bomba emotiva que desarma, sorprende y cautiva.
Más cosas. Después de la nevada de ayer, con las calles cubiertas de un colchón gris y blando, pasear casi le hace a uno sentirse en una película de Tim Burton (de las de antes, de las de gótico caramelizado). El cielo ha amanecido azul cobalto y suenan Sonic Youth con su último trabajo, Rather ripped, una banda sonora inmejorable.
Hoy habrá más gente de lo habitual en la tertulia, creo. Además, el restaurante de costumbre ha cerrado ya (vacaciones) y habrá que localizar otro cercano... Una pena, porque ponían una fabada muy razonable que sentaría muy bien con estos fríos árticos... Les contaré en qué queda todo luego, a la vuelta. (Pero será ya agosto, eso sí.)
Buen día.