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Nos decidimos por dejar en silencio a la luna y escuchar lo que tenías bien guardado bajo tu falda. Ni tu ni yo hemos sido fanáticos de romper el silencio a la altura donde se estalla tu cadera y tus muslos caen en una espiral que me lleva al precipicio donde se conflagra el viento para volvernos dos amantes maníacos de amor.
Hemos necesitado de todo para llegar a esto, hemos desnudado tu silueta para volvernos pianistas de tu propio cuerpo. Hoy me deslizo por tu piel como si fuera una extensa planicie de raíles y centellas, como si el adentrarme al amor fuera a solucionarme los problemas que tenemos fuera de la cama.
Si el problema es la cálida luz de noche que nos espía desde tu ombligo, puedo convertirnos en una cúspide donde ni la luz ni la ventisca veraniega puedan llegar.
&Cgk-Déjame hacerme cargo del erotismo que se desprende cuando te encuentro sentada al borde de la cama, con tus senos adornando la alcoba como si el mundo apenas se estuviera edificando y las miras amplias de mis ojos por fin me dejaran alcanzarlas. Déjame hacerme cargo de las posturas de un millón de amantes que se consagran para volverse uno y no tener que encontrarse solos. Déjame destruirme de la forma más hermosa y ahogarme en tus cataratas y desniveles. Hoy quiero olvidar el hambre y dejar al silencio en paz por un momento. Hoy la noche quiere celebrar un nacimiento.