-Sería muy útil a toda la república, agradable para vos, honrado para vuestro linaje y necesario para mí, que yo os cubriese y embarazase. Podéis creerlo puesto que la experiencia os lo va a demostrar.
La mujer, muy molesta y además casada, le contesta que es un tonto sin gracia y que no sabe cómo no lo envía en ese momento a que le corten las piernas y los brazos. Panurgo le muestra la bragueta y le expresa: "-No iba a oponerme a que me cortasen las piernas y los brazos con tal de que yaciéramos juntos. Pues mirad que llevo aquí una cosa con la que os daría hasta la médula de los huesos". Después de prodigarle varios piropos, que no sirven para nada porque la mujer sigue negándose, Panurgo se va "sin excesivo desconsuelo". Al otro día, el chico va a la misa adonde sabía que la mujer iba todos los días, se arrodilla junto y le dice que está enamorado de ella, tanto que:Ya no consigo cagar ni mear. ¿Lo comprendéis? Si me ocurriese algún mal, ¿qué ibais a pensar?
La mujer sigue negándose y esto hace enojar a Panurgo quien le grita: "-¿No os quereis dejar hacer? ¡Pues mierda para vos! No merecéis tanto honor como que yo os monte pero voy hacer que os monten los perros". Y dicho y hecho, el joven va a la caza de una perra en celo, la alimenta toda la noche y muy de mañana la mata, "le arrancó aquello que saben los geománticos helenos y, tras convertirlo en cachos tan menudos como le fue posible, los ocultó en sus ropas, marchándose luego a la iglesia" pues era día de Corpus Christi, y ese día las señoras exhiben sus más lujosas prendas. Así que la señora de la historia llega muy ataviada, y Panurgo le ofrece agua bendita saludándola con mucha cortesía. Después de rezar sus oraciones, Panurgo se le acerca y le derrama en sus ropas, sin que ella lo note, el amasijo que llevaba preparado. No habían pasado ni tres minutos cuando todos los perros que había en la iglesia y sus alrededores, de todos tamaños, pesos y razas, se le subieron a la pobre mujer. Llegó un momento que la rodeaban "seiscientos mil catorce perros con intenciones de poseerla". La señora no tuvo más remedio que retirarse a su casa, pero:Los perros la seguían y ella se escondió mientras reían las camareras. Pero incluso cuando ya se había ocultado, llegaron hasta su casa perros desde media legua a la redonda y tanto se mearon ante la puerta que formaron un arroyo por el que hubieran podido navegar barcas. Y ese arroyo es el que ahora pasa por Saint-Victor y del cual Gobelin ha sacado su color escarlata a causa de sus virtudes de la orina de los perros, según ha declaradfo el maestro Doribus. Incluso hubiera podido montarse un molino junto al riachuelo, aunque no tan grande como los de Bazacle, en Toulouse.
Moraleja: No hay que asistir a las fiestas de Corpus Christi si se ha rechazado a un joven parisino que ha adquirido tan gran reputación entre solteras y casadas.