Le faltaba un brazo y una pierna, y no sólo eso, sino que todo el torax y abdomen entre el brazo y la pierna había desaparecido (...). De la cabeza quedaban un ojo, una oreja, una mejilla, media nariz, media boca, media barbilla y media frente; la otra mitad de la cabeza era pura papilla.
Esta mitad del vizconde provoca gran temor entre toda la comarca que antes lo estimaba, hasta que un día regresa la parte muy buena del vizconde, que tampoco había muerto. Esta parte buena va arreglando lo que la parte mala destroza o trastorna (todo lo parte a la mitad):La ballesta del vizconde disparaba desde hacía tiempo sólo a las golondrinas, y de manera que no las mataba, sino sólo las hería y tullía. Pero ahora empezaban a verse en el cielo golondrinas con las patitas vendadas y atadas a tablillas, o con las alas pegadas con esparadrapo; había toda una bandada de golondrinas así compuestas que volaban con prudencia todas juntas, como convalecientes de un hospital pajaril, e inverosímilmente se decía que el propio Medardo era el doctor.
La lucha desde que el mundo es mundo entre el bien y el mal, lucha que tal vez también llevamos dentro de nosotros, nos llega a través de esta historia narrada por el sobrino del protagonista, un narrador-personaje testigo de todo lo acontecido.