dos años
Es martes y hace dos años que abrí, un poco a tientas, este espacio. En este tiempo he procurado escribir a diario (aunque alguna laguna ha habido, claro), y lo he hecho casi siempre sin borrador, sin red. Sin idea de qué iba a decir, en ocasiones. He escrito en función de una imagen o después de leer algo que me hubiera impresionado o llamado la atención. He escrito por el mero placer de hacerlo, y alguna vez me he dejado llevar por las palabras sin tener ni idea de hacia dónde. He procurado ser informal a veces, informativo, lírico, ligero, reflexivo o incendiario: personal, en cualquier caso.
Es martes, hace dos años que inauguré este espacio y no me arrepiento de ello. Es cierto que a veces se hace cuesta arriba. Es cierto que, de cuando en cuando, casi se siente uno obligado a conectarse, abrir la ventanita y a ver qué se le ocurre hoy. Casi. Pero es también cierto que la experiencia, en general, merece la pena; como es cierto que hoy no sabría ya qué hacer sin la posibilidad de abrir la ventanita, sin la perspectiva de escribir aquí.
Es martes, hace dos años que empecé a escribir en este espacio y en ese tiempo he descubierto que al otro lado hay gente, gente que me lee, gente que me regala un trocito de su tiempo, de su día, y hasta se molestan en dejar un comentario, contestar, conectar. Esa gente, tenerlos ahí mismo, detrás de la pantalla, a un teclado de distancia, ha sido y es lo mejor de todos estos meses.
Daisy y Violeta me dicen que les diga que seguiré aquí otro tiempito. Hablando de tebeos o de novelas, de cine o de dibujos animados, de discos, de políticos, del tiempo o de cocina. De mis días, de mis amigas, de mis sueños. Para mí será un placer contar con ustedes, si se animan. (Para ellas dos, también, como lo será para sus amigas Flora y Fauna, cuya imagen les obsequio aquí debajo...)