desasosiego
El viejo Matías inclina un poco la cabeza hacia un costado, levanta apenas una ceja y habla como si el total del tiempo de su vida estuviera en juego en apenas una frase.
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Un hombre puede ser feliz si logra dedicar por entero su vida a algo.
Cuando Matías dice cosas así me surgen ganas de escudriñar el infinito misterio de los polinomios.
O de encontrar una manera indolora de negociarle mi sombra al diablo, a lo Peter Schlemihl.
Sobre todo, si las palabras suceden en una correosa tarde de otoño.
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No importa el objeto del que se ocupe, puede ser cualquier cosa, pero debe hacerlo con devoción.
Dedicarle la existencia toda
a un profuso ideal,
a un canario, a un perro,
a una mujer increíble,
a una investigación sociológica,
a la respuesta imposible de un problema gramatical inútil,
a la literatura banal.
Nunca pude vislumbrar un demonio en el Doke, ni siquiera un demonio menor, y jamás he comprendido el quinto postulado de Euclides.
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Mejor emborracháte hasta atorarte en vómitos &4oCT-dice el gordo Valija.
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Mejor caminá hasta cansar el desaso
siego &4oCT-sugiere Luciana Bernard.
El movimiento es la vida; las cosas parlotean movimientos.
Las palabras, suceden.
Pero el espacio es curvo (desde que entra en juego cierta melancolía)
de modo que: por un punto exterior a una recta
pasan una o infinitas o ninguna paralelas a dicha recta.
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Desasosiego es una palabra que siempre me recuerda a Pessoa, Luciana &4oCT-digo, pienso:
después de todo
un cínico no es otra cosa
que un pesimista jovial.