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Cómo me hice monja: César Aira

César Aira, Cómo me hice monja (México: ERA, 2005).

Hace un par de años, en una entrevista que se le hizo a César Aira en España, el escritor argentino comentó que Cómo me hice monja era su autobiografía parcial, y que era parcial "porque trata sólo de un año de mi vida, entre los seis y los siete, empieza cuando pruebo un helado por primera vez, y termina cuando...", y así es: un/a niño/a de seis años nos cuenta su propia historia, así nos enteramos de cuando tenía seis años y va con su padre a comer un helado, es el primero que probará en su vida y resulta que está descompuesto. La escena que se describe es terrible: la niña le da la primera cucharada y no quiere comerlo. El padre (un hombre violento) no puede creer que no le guste el helado (a él le fascinaban) y la obliga a que lo siga comiendo. Cuando al fin él lo prueba y se da cuenta de que sabe espantoso, se desata una tragedia que traerá muchas consecuencias...

-A todo el mundo le gustan los helados -dijo lívido de furia. A todo mundo menos a vos, que sos un tarado.
-¡No papá! ¡Te juro...!
-Comé ese helado -frío, tajante-. Para eso te lo compré, taradito.
-¡Pero no puedo...!
-Comelo. Probalo. Ni lo probaste.
-¡Te juro que es horrible! Probalo.
¡Ya lo probé! ¡No puedo!
Terminó el suyo. Arrojó la cucharita a la calle. Con las manos libres, se volvió hacia mí, y supe que el cielo se me estaba cayendo encima.
-Comelo de una vez!
Papá me arrancó la cucharita de la otra mano y la clavó en la frutilla. La levantó bien cargada y me la acercó a la boca. La abrí, redonda, y la cucharita entró. Se posó en mi lengua.
-Cerrá.
Lo hice. Las lágrimas ya me velaban los ojos.
El asco me inundaba, me explotaba en el cerebro como un rayo. Otra cucharada bien cargada venía en el camino. Abrí la boca. Ya estaba llorando.
-¿No te gusta? ¿Eh? ¿No te gusta? ¿No ves que sos un tarado?
(...) Otra arcada. Otra más. Otra. Eran en serie. Todas secas, sin vómito.

El argumento de la novela no tiene mayores complicaciones, pero la manera en que está narrado posee un buen discurso. La niña se refiere a sí misma en femenino, pero su mamá, su papá y la maestra, se refieren a ella en masculino, la maestra la llama César Aira, el niño César Aira. Esto confunde ¿se trata de un narrador-personaje niño que se llama como el escritor de una novela titulada Cómo me hice monja pero que habla como niña? La voz del narrador es ambigua.

Algo también interesante de destacar, son los deseos inconscientes de la niña que surgen a través de los sueños. Por comer ese helado descompuesto tiene que pasar algun tiempo en el hospital para curar su intoxicación, ahí sueña historias impresionantes: a veces animales acuáticos la muerden, otras los padres la abandonan y en ella brotan deseos de que se mueran.

Nada es predecible en la novela, empezando porque su título, Cómo me hice monja, no tiene nada que ver con la trama, o al menos yo no hallé ningun vínculo. Y si es la niña quien nos cuenta su historia ya siendo adulta ¿cómo es posible que haya muerto en la heladera?

El horror, lo grotesco, la fantasía, la mentira/verdad, el engaño, la ilusión, la culpa, el miedo, la violencia, están siempre a la mano. El narrador parece jugar con el lector, y con trampas...

Nota aparte: Acaba de publicarse el libro César Aira en miniatura: un acercamiento crítico, Col. Cuadernos, Instituto de Investigaciones Ling&w7zDrQ-stico-Literarias, (Xalapa: Universidad Veracruzana, 2006), pp.188.


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