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Puedo permitirme de una noche más de balas sin restringirme de tu voz sobre la mía, y tu caricia tímida y escueta apenas dislocándose en tu interior. Hoy no es una noche más de guerra, es la estampida final de tus brazos contra los míos, en una postura antiromántica que se juega entre dos y a media sábana.
El día en que supimos que no debíamos llorar por mandamiento también supimos que hay más piel que recorrer en esos lanzamientos al solitario en busca de una aventura sentimental; que no hay mentira sin engaño, ni sensación sin tus labios rojos.
Tengo una fuerte especulación acerca de como detendré la verdad cuando te ame demasiado, y sea tarde para buscar una tercera opinión. También estoy tomando en cuenta el tiempo que me tomará encontrar el punto exacto para que dejes de ser tu y volverte mía, y si eso no es suficiente para contemplarte cubierta de arena, entonces me decidiré por la forma más humana de aprender a amar en secreto y recostarme de lado siempre mirándome al espejo en busca de algún rastro de lo que pudo ser.
&Cgk-Mujer, si estas velas no simulan que es demasiado tarde, y la medianoche nos abre su cuarto menguante, quisiera que me dejaras sentir tu labio inferior sobre mis ojos, sentir tu piel cotidiana sobre la mía, y hundir el amor que te tengo en un abismo tan negro que nadie nos lo pueda llegar a negar.