Vida eterna
Nos duele el lado más obsceno de nuestras vidas, allí donde no se iniciaron nunca los hechos. Es terrible no saber lo que no nos pasó y los hechos existen.
En una urna llevamos a un Dios cobijado, desprovisto de todo artefacto de comunicación, con mirada ausente y te dejas caer. Es llevado sin lavarse las manos y vuelves a cubrirte la cabeza.
En la urna llevamos a un Dios descascarado y mordaz con su lejana costumbre de enroscar el pan en un paño, mojándose la cara con el vino de su vientre.
Dime la verdad y esconde mi vida en un escaparate con doscientos guiones y algún vestigio de este planeta. Al parecer de a poco nos iremos despedazando: los hechos existen.
Llevamos en una urna el cansancio de la vida eterna.