Todavía hay tiempo
No es tarde para volver a revisar lo dicho, no importa el lenguaje o el orden de las cosas. Sobre nuestros pies, los tobillos colgantes deberán intentar revisar, página a página, los códices, los dibujos con caballos, las grafías de las cavernas, las marcas de los computadores, los gorriones vistiéndose con el crepúsculo.
Todavía hay tiempo, siempre hay tiempo, para de-codificar, deshacer lo hecho y volver armar los artefactos, las ideas una tras otra y re-descubrir los inventos. Hay una sórdida capa de mal-estar, un hedor cultural que recubre los pequeños pétalos, el goteo perenne del pensar todos los días, las viejas historias sagradas, los juegos, los pavimentos parchados y el robo de la esquina.
Que más dá volver a revisar, siempre lo hemos hecho. Ahora con nuestra luminosa y pública voz que llega a todos los rincones de casas, pesebres, hospicios y cuarteles. Satelitaltes resonancias que juntan el mísero, tímido y lobezno sueño infantil de los montes con las alcancías de los señores de los petróleos y metales de fuego.
Todavía hay tiempo para envolver y cobijar las almas con los cuerpos.