Robocop 2 en cómic. Pero qué bruto puedes llegar a ser cuando te lo propones, Frank.
Día del Parque, Décimo, 20 de Cosechador de 214
Cuando se lee algo sobre los desencuentros de cualquiera dentro de Hollywood, los mangoneos que han tenido que sufir y en general todas las ignominias a las que someten las grandes productoras a guionistas, directores y actores, lo más fácil, lo más lógico y hasta lo más natural es ponerse del lado más débil y que sabemos que suele llevar las de perder. De ahí nuestra inmediata simpatía por casos como los del tito Alan Moore o Frank Miller, aunque como se podrá comprobar en este segundo caso mi opinión ha cambiado radicalmente, porque me parece que el genial autor de El Regreso del Señor de la Noche a veces tiene un morro que se lo pisa. Que es un genio no lo duda nadie, pero que a veces utiliza el sistema Stephen King "os voy a contar lo mismo que hace diez años pero cambiado de nombre a ver si no se nota mucho" también es innegable, sin contar que es muy capaz de derribar su propio mito con cosas como el DK2. Vale que quizá quiso burlarse de editores y aficionados prolongando como le pedían una historia en esencia improlongable, pero tampoco es excusa. Lo de poner al amigo Jerjes como una drag queen con piercings en 300, con los espartanos por ahí en pelotas enseñando el cinganillo y los Inmortales disfrazados de Fantomas ya no sé si es el fruto de la ignorancia o sencillamente se le escapó el lápiz y le salió así, sin contar que los espartanos, (de los que tampoco sabemos mucho, la verdad) parecen más que nada marines pasados de vueltas, y eso queriendo hacer la vista gorda de que cada uno de los trescientos llevaba a dos criados ilotas consigo, que una cosa es ser un despiadado guerrero que no conoce el miedo y otra muy diferente tener que lavarse uno mismo la ropa.
Que sí, que Frank Miller es dios, pero igual que cuando hace realmente bueno no hay quien lo pare cuando decide tirarse de plancha en la piscina sin mirar antes si hay agua tampoco es recomendable ponerse en medio.
En este caso se va a analizar en parte Robocop y sobre todo el aporte de Frank Miller a la saga en Robocop 2, a raíz de la publicación de la adaptación en cómic del que fue el guión original de Miller para la película.
Robocop es una película realmente maja, dirigida por un Paul Verhoeven en su mejor momento y que en su estreno rompió bastantes moldes y dejó a más de uno con la boca abierta diciendo: "Hala, qué burrada." Quizá muchos, en nuestra frágil juventud, sólo vimos eso, un torrente de imágenes impactantes, un tío de hojalata que ríase usted del que salía en El mago de Oz pegando tiros a los malos y humor negro con secuencias casi gore, y más que lo son ahora con la versión del director que recupera los planos que le hicieron quitar a Verhoeven para que no les quemasen los cines por bruticos. Pero Robocop era algo más que eso, para el que lo quisiese ver: era un futuro distópico, un futuro cercano pero reconocible que ponía los pelos de punta. A veces me han preguntando si existe alguna distopía del capitalismo equivalente a 1984, y les digo que en literatura no me consta como tal aunque puede ser que las haya, pero lo que es en comics y películas, las que quieras: la misma Robocop, casi todo el cyberpunk suele tratar de un mundo despiadado donde el valor de la vida humana no vale un duro y las megacorporaciones han suplantado el papel de los Estados, Magnum (no, la de Tom Selleck no), y desde luego la pedazo de burrada que era el Universo Marvel 2099, donde sencillamente no valía la pena vivir, la policía era totalmente privada como pretendían que se convirtiese en Robocop, los millonarios salían libres de asesinatos después de pagar una multa y para colmo tiene que llegar un supervillano de los bestias del siglo XX, el Doctor Muerte, para salvar la situación, conquistar los EEUU y crear una nueva Constitución en la que de nuevo se garantizase la vida y la seguridad de los ciudadanos, además del derecho a la educación y a un salario justo. El Doctor Muerte un sociata enemigo del libre acontecer de los movimientos del mercado, lo que hay que ver. Como se entere César Vidal...
Robocop es, fundamentalmente, quién nos lo iba a decir, una distopía del capitalismo. También es acción, tiros, violencia muchas veces gratuita y ciencia-ficción, pero desde luego nos presenta un mundo cochambroso que parece el destino inevitable que nos va a alcanzar si continúan los destrozos a los más elementales derechos que hasta hace poco se consideraban inviolables. Robocop se filmó en 1987, en plena Era Reagan (1980-1992, incluyendo el mandato de Bush I), en una marea de privatizaciones salvajes del sector público y de argumentos bastante cachondos para recortar la ya dañada sanidad pública de los USA , sinn olvidar el aumento de los gastos militares, cuyo crecimiento quedó prácticamente al albedrío de unos asesores que tenían un puesto asegurado en las grandes multinacionales del armamento cuando acabase su carrera política. Todo eso se refleja en Robocop, y los directivos de la OCP, una multinacional modelo que nada tiene que envidiar a aquéllas contra las que arremete Michael Moore en sus documentales, se congratulan de que "los cambios en el sistema impositivo han creado una economía ideal para el crecimiento empresarial", y luego se felicitan de haber sacado altos rendimientos en mercados tradicionalmente considerados poco apetecibles como hospitales, cárceles y exploración espacial. Justo lo que han pedido y conseguido los neocon y neoliberales en estos últimos veinte años: bajadas de impuestos a las grandes corporaciones e inhibición de la actividad pública en servicios imprescindibles que se encarecen sin recibir la tan prometida mayor eficacia bajo la gestión privada. La OCP es una multinacional sin la más mínima humanidad, y su anhelo es privatizar la policía y crear una ciudad sólo para los ricos que se la puedan permitir, algo que han conseguido en Robocop 2 hasta el punto de que literalmente se van a hacer cargo de la ciudad entera, en un ominoso prolegómeno de lo que después podría ser un mundo como el de Rollerball (1975), en el que ya no existen los estados y cada ciudad está gobernada por una corporación. Aun más: el alcalde de Detroit echará en cara al presidente de la OCP que ellos mismos han minado el crédito de la ciudad y deteriorado los servicios hasta convertir la ciudad en un infierno de manera que pudiera caer más fácilmente en su poder. Y ésa, se lleva años denunciando, es la táctica favorita de esos neoliberales: en cuanto llegan al poder descuidan los servicios públicos y los convierten en ineficaces de modo que su teoría se convierte autománticamente en cierta con las pruebas que ellos mismos han forzado, y así tienen excusa para privatizar esas empresas de servicios públicos y vendérselas a sus amigos. Algo parecido dice el rojeras de Warren Beatty en Bullworth (1998), cuando interpreta a un candidato demócrata al que se le va la olla y decide decir sólo la verdad, y suelta aquello de "nosotros con tres centavos en la Seguridad Social hacemos lo mismo que la sanidad privada con 27". Y lo que peor de esa OPA hostil a la ciudad, y que preguntan algunos periodistas es esto: "¿Nos convierte eso a todos en empleados de la OCP?" "¿Qué pasa con los derechos civiles?" Eso: ¿dejarán de tener derechos como ciudadanos para tener sólo un convenio colectivo de mierda? La respuesta por parte del presidente de la OCP es sencilla: "Todo el que quiera puede comprar acciones de la ciudad. ¿Qué puede ser más democrático?". Ésa es la típica respuesta del neoliberalismo a todo: los problema creados por el Mercado deben resolverse en el Mercado. Y tanto en la primera como en la segunda parte y en la versión original del guión de Miller veremos también cómo los grandes capitales han conseguido otro de sus triunfos por el que ahora mismo están clamando: la anulación de cualquier protección ecológica de zonas consideradas vitales para la supervivencia del planeta, lo que en el mundo de Robocop ha producido la explosión de una central nuclear en el Amazonas que se va a cargar toda la selva, y se ha perdido la capa de ozono.
Centrándonos más en la película, vemos cómo literalmente la OCP parece disponer por las buenas y sin más del cuerpo de Alex Murphy, como si la gente le perteneciese. Él mismo puede llegar a plantearse su humanidad, o su compañera, pero no veremos a nadie más que lo haga, a ningún fiscal o periodista que pida que lo reconozcan como un ser humano modificado, un cyborg, pero humano en su esencia, sino que sencillamente se le considera una máquina aunque conserve los recuerdos de un policía considerado muerto. Él mismo colaborará con la farsa para no hacer más daño a su mujer, y le dice que si tiene la misma cara que su marido es porque se la pusieron como homenaje a él... aunque puede uno llegar a pensar que vaya homenaje si luego se la tapan con un casco. También es realmente magnífica la exageración del mundo empresarial que aparece en Robocop 3, donde el primer error es el último, y éste conduce directamente al suicidio porque una vez despedido ya no hay posibilidad de seguir trabajando: vemos cómo los ejecutivos se lanzan desde las ventanas como si fuera el Crack del 29, y cómo uno le dice a otro: "Eso de tirarse por la ventana es una guarrada, yo llevo siempre una pistola, más limpio y rápido". Obviamente lo despiden en esa misma escena, se va de la habitación y continúa el diálogo hasta que casi nos hemos olvidado del asunto y entonces se oye un disparo apagado al que sigue un desagradable silencio.
La crítica a los modelos neoliberales se acentuaría en la serie de televisión de Robocop, bastante denostada porque obviamente dulcificaba al personaje, que no podía ir por ahí desmembrando a gente en horario juvenil. Sin embargo, el mundo que presentaba, aunque hilarante, ponía los pelos de punta porque profundizada en esa distopía capitalista en la que un dibujo animado llamado Capitán Cash (Capitán Efectivo), daba lecciones de libre mercado a los niños y les enseñaba a ganarse un ronnie, (las monedas de un dólar con la efigie de Ronald Reagan en claro homenaje a su Era) por ejemplo convirtiendo a sus abuelos muertos o mascotas en prácticas mesas de metacrilato. Posteriormente el mismo personaje real del Capitán Cash era engullido por el sistema del que daba lecciones. La serie no la seguí casi nada porque la ponían a unas horas el sábado o domingo por la mañana en las que como mucho estaba yo para tomar el café con leche y galletas y poco más, pero a ese respecto recuerdo que tenía unos puntos de lo más divertido. También abundaba en imágenes de pobres desheredados y sin empleo que vagaban por esas calles con comercios cerrados, y en el que su país se había olvidado de ellos y los había dejado a su suerte entre unas empresas que sólo perseguían el máximo beneficio al menor coste, y parece ser que incluso ha invadido México, después de haberlo invadido primero con las maquilas. No olvidemos también las gigantescas fábricas abandonadas en las que se suceden las batallas de Robocop en las dos primeras partes, que nos hablan de un glorioso pasado industrial ya desvanecido, y cuyas imágenes son iguales a las que muestra Michael Moore de su ciudad natal Flint, devastada por los despidos masivos y las relocalizaciones, en Roger and Me (1989). Flint en una ciudad gemela de Detroit y las dos están dedicadas al mundo del automóvil.
Sobre las cuatro películas del 2000 para televisión nada puedo decir porque no las he visto, pero si consigo hacerlo y merece la pena ya comentaré algo.
Resumiendo: Robocop es además de un espectáculo de ciencia ficción, una especulación con considerable mala uva de las políticas sociales y económicas que se vienen desarrollando desde hace más de veinte años, y las consecuencias que éstas podrían tener. Básicamente, no se ha equivocado.
¿Y qué tiene que ver Frank Miller con todo esto? Pues lo siguiente.
Empecemos repasando un poco el lío en el que se metió ese señor cuando estaba en pleno apogeo de su fama, apenas unos años después de escribir y dibujar esa obra ya citada y el Año Uno, la versión gótica, oscura y definitiva de Batman que ahora algunos están intentado desmontar. Pues bien: le ofrecen ser el guionista de Robocop 2. Según dice Frank, no sabía dónde se metía. Pues mentira cochina, señor Miller, porque me consta que es usted persona de amplia cultura y de innegable cinefilia, así que debería saber de sobra que Hollywood ha fagocitado sin pestañear a gente mucho más importante que usted, desde William Faulkner a Bertold Brecht o el mismísimo Thomas Mann. Aceptar eso que usted dice es tan absurdo como pensar de veras que Garzón no sabía dónde se metía cuando se presentó por las listas de PSOE o que Marín y Pacheco entraron cual vírgenes colegialas en Marvel a hacer los 4F sin saber que allí ellos básicamente iban a ser el último mono y que estaban para hacer lo mismo que sus admirados Roy Thomas o John Buscema: lo que les mandasen, y ojito con rechistar. Me parece a mí que algo desencaminados sí que iban porque igual que los dos españoles parece que querían llegar allí y los acogiesen como los dos cultos europeos que los iban a sacar de su brutalidad norteamericana, el Miller quizá se lo tenía muy creído y creyó que lo iban a tratar como al genio que todos decían que era, y que se iban a quedar mirando embobados y lo iban a flipar con cualquier cosa que les hiciera. Igual que a los dos andaluces en Marvel les dijeron "Sí, chicos, sí, a estas alturas nos vais a enseñar a nosotros a hacer tebeos de superhéroes", a Frank le dijeron "Niño, que las películas cuestan millones de dólares, y las de este tipo sobre todo, y aquí se trabaja en equipo. Tú si la cagas lo arreglas con cuatro dólares más de papel y tinta china, pero aquí nos los cortan directamente." Ignorantes de la vida...
De hecho después de leer la adaptación me parece que me quedan claras dos cosas: primero, que el listillo de Frank fue a Hollywood a llevárselo crudo por la ley del mínimo esfuerzo, y segundo que nos la ha vuelto a jugar como en el DK2. "Ah, ¿que queréis ver cómo fue el maravillos guión que se ha convertido en una leyenda urbana? Esperad, que busco a un par de colegas que me hagan la adaptación y lo vais a pagar a 3.50 $ en nueve cómodas mensualidades." La verdad es que uno se había creído la leyenda urbana y esperaba encontrar como mínimo el equivalente para Robocop del Dark Knight... y se encuentra con... caña. Caña y más caña, y luego, por si había sido poco y quedaba alguna duda de que el argumento es cañero, más caña todavía. De hecho cuando uno lo lee, con tantos escombros, paredes destrozadas, sangre, dientes destrozados, vísceras y lo demás, le viene a uno la idea de que luego reconvirtió la idea (en singular, sí) que tenía para Robocop 2, en Hard Boiled (1990), que apenas si era un breve argumento en el que después Geoff Darrow se explayaba todo lo que quería para dibujar una violencia cañera y sin límites que sinceramente creo que copia descaradamente Juan José Ryp, que firma los dibujos de esta adaptación. Aunque como cómic y película son del mismo año quién saber para cuál fue "la idea" original: caña, caña y si sobra espacio más caña.
[Advertencia de destripe de argumento. A partir de aquí se dan detalles de Frank Miller's Robocop.]
Y la verdad es que creo que Miller no tiene nada de lo que quejarse, porque aprovecharon todo lo aprovechable de su guión, que no era poco, están los anuncios, lo de meterle un montón de directrices ridículas y otros muchos detalles. Pero probablemente si los que lo contrararon habían leído algo de lo que le había dado fama a Miller, les debió de parecer como mínimo curioso que el que se convertía en el Robocop de segunda generación fuese Nuke, el veterano del Vietnam que vimos en la magnífica Born Again, el tipo con la bandera de los USA tatuada en la frente y que decía aquello de "Dame una azul, dame una blanca, ¡dame una roja!", y que no paraba de decir "Nuestros chicos..." Pues aquí lo tenemos redivivo, un veterano de alguna invasión de los EEUU al que se la ha ido la chola, y que pertenece a la que va a ser la nueva policía privada que quiere imponer la OCP, y que van vestidos exactamente como los hombres blancos de Colón, ese entrañable detergente. El tío hasta dice incoherencias y parece que revive los actos de guerra que le han costado la razón. Miller, una cosa es reciclar ideas y otra hacer un copiar y pegar tan descarado. El personaje de la psiquiatra es plano como él solo en ese guión original, pasadísimo de vueltas y excesivamente psicópata, que al final incluso proyecta su consciencia en el Robocop 2.0 para meter más caña al bueno de Murphy. En la película tiene más peligro que un mono con navaja, pero siendo como en el cómic no sé yo si la llegarían a contratar, y es mucho más lógico lo que sucede al final, cuando los sibilinos directivos de la OCP llegan a la conclusión de que será el perfecto chivo expiatorio para todo lo que se les viene encima después del desastre.
¿Qué más os puedo contar? ¿He comentado que hay mucha caña, que muere mucha gente, se atraviesan paredes y hay escombros y sangre a patadas? Pues entonces tampoco queda mucho más que decir, sino que los productores se quedaron bastante cortos al decirle que el guión era infilmable, porque en su esencia era un poco basurilla. Tampoco sé hasta qué punto algunas de las ideas que aparecen en la película final son del mismo Miller, que siguió colaborando en la película, pero de verdad que el material original que les hizo pasar por jabugo me parece más bien flojito. Caín, el traficante mesiánico del Nuke (vaya, otro homenaje), es un personaje mucho más rico y acojonante, con su momia de Elvis, y Hob el niño criminal también es un punto, porque tiene una mala baba que casi no lo siente uno cuando su anterior protector lo liquida de mala manera. También está ausente en el cómic la subtrama del alcalde intentando salvar la ciudad de la quiebra y ese patético festival para conseguir los fondos, o esa escena de cachondeo subido cuando uno de sus asesores dice: "Señor alcalde, no podemos negociar con criminales." "¡No pongas etiquetas a la gente! ¡No me gustan nada las etiquetas!"
Tampoco es criticar por criticar, pero vuelvo a insistir en que si eso era lo único que tenía que ofrecer... no me extraña que le metiesen mano, o que le obligasen a meterle mano. Las ideas buenas se mantuvieron, y otras las reciclaron o modificaron. Por ejemplo abre la película el anuncio del sistema antirobo de los coches que es una silla eléctrica, y después John Glover (hoy más conocido como Lionel Luthor), nos recuerda
que además no gasta batería, y también aparece el anuncio del tipo que se suicida por perder la cuenta de un cliente. Pero luego hay cosas que son idas de olla, como lo de que exploten por accidente miles de armas nucleares en Groenlandia, vaya a empezar un invierno nuclear y los presentadores de televisión se lo tomen de coña, diciendo a la gente de cachondeo que se encierren en casa a esperar que descienda la radiación. Bastante es lo que ponen en la película, una sola central nuclear en el Amazonas. Además lo del invierno nuclear ya lo pusiste en Dark Knight, Frank. Luego ya no sé si será cosa de último momento en esta adaptación o pretendía que saliese así en la película, pero en el cómic el personaje de Anne Lewis que interpretaba Nancy Allen entre tanta caña va perdiendo más y más trozos del uniforme hasta que en las últimas páginas aparece casi en ropa interior con apenas unos jirones de ropa por encima. A estas alturas estas cosas...
Sin embargo la leyenda sobre este guión no ha hecho sino crecer con los años, y parece que a Miller tampoco le ha importado mucho destruir el mito a cambio de volver a hacer caja. Del mismo modo podemos preguntarnos que si tan mal le pareció todo y tan ofendido se sintió en su dignidad de autor... ¿por qué puñetas repitió en Robocop 3, ¡Robocop vuela!, si hasta dicen que la tontería ésa del samurai Otomo es cosa suya? Pues para volver a llevárselo crudo, que de eso se trataba. Luego a quejarse y a tirar balones fuera, no me quieren, no me dejaron hacer lo que yo quería... qué malos son...
De todos modos parece que efectivamente el tito Frank aprendió algo en Hollywood y la adaptación de Sin City la controló él para darnos una obra impresionante y que quita el sentío. A cada uno lo suyo, y Sin City es un cómic fantástico y la adaptación en película es grandiosa. Cuando el tito Frank se pone en serio es para echarse a temblar... casi tanto como cuando se pone en plan vago.
Y ahora amenazan incluso con hacer el remake de Robocop, la primera, que lo único que le ha envejecido mal son unos cuantos efectos que ahora cantan. Entonces es cuando uno chilla a todo pulmón: &wqHCvw-Pero es que ya no os queda ni una puta idea nueva en la cabeza?!
-SuperSantiEgo