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¿Nos hacemos hombres-libro, colega?

Día de la Regadera, Décimo, 10 de Thermidor de 214

Así, como suena. ¿Quién quiere hacerse un hombre-libro? Aunque supongo que a estas alturas por las coñas de la correción política habría que hablar de personas-libro, o algo así. No sólo la idea que cierra esa fascinante novela que es Farenheit 451 es de una gran belleza, sino que provoca un reflexión de otro orden: si uno eligiese convertirse en una obra de arte, ¿en qué puede convertirse? Sí, uno puede ser un hombre-partitura, saberla de memoria, ser capaz de transcribirla y de interpretarla, pero no es lo mismo. No se puede ser un hombre-cuadro, por lo menos no en el sentido estricto, y mucho menos un hombre-escultura o un hombre-arquitectónico, ni tampoco un hombre-tebeo. La memorización de los conocimientos científicos también sería importante, pero en ese caso no se necesita una fidelidad absoluta del original, sólo la exactitud de los contenidos. Pero ser un hombre-libro sí que lo veo factible.

Precisamente en una de mis obras había unos personajes que tenían memorizados una serie de libros sagrados y leyes llamados Paralipómenos que continuamente repetían inconscientemente en su mente, buscando nuevas relaciones y argumentaciones en una reflexión infinita sobre esos textos que les daban su fuerza y poderes, una especie de monólogo interior que se mezclaba y superponía a la acción que ellos mismos describían.

La pregunta a hacerse a continuación es la siguiente: si me decidiese a ser un hombre-libro, ¿cuál sería? Como sé que los hay muy frikis muchos saltarían inmediatamente con un ¡El Señor de los Anillos! Pues nada, compañeros del metal, poneos a ello. En todo caso, me parece que en ese caso se impondría una opción más razonable, y debería ser un proyecto compartido entre tres personas. A la mente se me viene al momento una opción clara, La Ilíada, y así poder tener continuamente residente en memoria las tremendas burradas que los griegos y teucros se hacían entre ellos, con los dioses azuzando desde la barrera. Si los libros son nuestros mejores amigos al lado del perro, tener un libro incrustado en la cabeza es como tener siempre contigo a tu mejor amigo, y en cualquier momento de aburrimiento, esperando al dentista o en el metro, no tendríamos más que dejar fluir por nuestra mente las palabras de nuestra obra favorita. También en este caso se hace uno la pregunta si se debería memorizar un libro traducido o si no sería más deseable preservar un libro escrito en la lengua que uno habla. Así que se supone que a los españolitos nos tocaría Miau, La Colmena o El Conde Lucanor, aunque supongo que las obras de los clásicos romanos y griegos deberían entrar en la categoría de memorizables, así como otros clásicos universales. La Regenta para algún clon de Fraga, que si le cabía el Estado en la cabeza ese mamotreto apenas si le ocuparía un rinconcito.

Y entonces me preguntaréis: ¿y para qué coño va a servir convertirse en un hombre-libro? Parece mentira que me preguntéis eso, la verdad. Está claro: para absolutamente nada. Incluso en la obra de Bradbury no servían para nada, o casi. El final de la novela, bellísimo, consiste en la existencia de esos hombres-libro, apenas unos miles como mucho, y que garantizarían poniéndonos en lo mejor la supervivencia de una ínfima parte de la cultura humana. Aunque si bien uno lo piensa las bases de nuestra cultura y civilización son apenas unos cientos o miles de obras elegidas. Además obviamente, aunque Bradbury no se para mucho en ello, se supone que la gente sigue sabiendo leer y escribir, y que los conocimientos científicos y técnicos se seguirán transmitiendo de forma escrita, pero en asépticos tratados. Lo que se prohibe es la palabra creativa: la literatura, la historia y la filosofía. A la hoguera con todo ello, que le mete ideas raras en la cabeza a la gente.

Otro problema que se nos podría plantear es si es uno capaz de memorizar un texto completo, y sobre todo con ese nivel de fidelidad. Indudablemente se puede, ya que hay gente que lo hace, y sólo hay que conocer a alguien que haya estudiado Derecho o que se sacase una oposición de las durillas para saber que bien motivado un homo sapiens puede retener un montón de información. Antiguamente, además, era un oficio, y eran famosos los memoriones que acudían a la representación de algunas obras de teatro para luego transcribirlas y proceder luego a su plagio o su representación clandestina. También servían de espías para retener información clasificada que no había forma de hurtar o fotografiar, como se veía, creo recordar, en una de las películas del FBI luchando contra los espías alemanes que operaban dentro de los USA. Desde luego es posible memorizar un libro entero, aunque me imagino que será duro o difícil por lo menos hasta que no se invente el sistema que aparecía en un programa infantil llamado Planeta Imaginario, en el que se describía el proceso de "vampirizar un libro", literalmente clavarle los colmillos y chupar toda la información hasta que al final las páginas se quedaban en blanco.

Así pues, ¿nos convertimos en hombres-libro? No sirve para nada, sólo para ser un hombre-libro, y quizá para expresar de este modo nuestra fé en la palabra escrita, o para sufrir una transformación mental y espiritual, yo qué puñetas sé, que los puentes se cruzar al llegar a ellos y no antes. Quizá Harold Bloom nos proponga para alguna medalla o distinción, o alguna cosilla más, o terminen sacándonos en algún programa de la tele para reírse de nosotros. De todos modos, el que quiera como mínimo hablar de este asunto y quizá hacer algo curioso, que me escriba a het_novela@hotmail.com. ¿Que pensáis que estoy como una regadera? Pues vale, aceptamos barco, ¿por qué no?

Aunque con la suerte que tengo yo para estas cosas seguro que a alguien ya se le ocurrió antes la idea y ya está en marcha. Si es ése el caso, espero que también me lo comuniquéis.

Y lo que es más: ¿memorizar un libro se podrá considerar copia privada o tendremos que pagar también un canon a la SGAE por convertirnos en hombres-libro? Me temo que esta pregunta poblará mis sueños durante semanas. ¿Y después de memorizar el libro lo quemaríamos como los hombres-libro de la novela? No seáis bestias. Para el book-crossing de cabeza.

¿Y tú qué piensas de todo esto, Ray?
"Pues nada, chaval. Tú mismo."

(¿Día de la Regadera? En estas ocasiones sí que me replanteo muy en serio si lo del calendario republicano fue realmente una buena idea.)

-SuperSantiEgo



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