Nadie nos espera
Girar y girar con los tacos al cinto. Vociferas, seduces a los camélidos, los manchas y destripas al son de un bajo sensual, de una noche sin la naturaleza de las ánimas: singular con voces de vaso y el cigarro sobre el piano. Voz negra levantada sobre lo oscuro y en los espirituales solíamos verificar los veranos, luego de clases.
Parece que nadie nos espera esta vez. La cadencia y un pedazo de cadera suscitan viejas constantes. Es como el darse cuenta que nunca dejamos de ser uno mismo, siempre la misma pregunta, asfixiada entre tus amígdalas y en los surcos de tus pechos.
Dejas mis uñas escritas, hechas lenguaje. La pasión se riega en cordones y te quitas el pelo, los dientes.
Nadie nos espera.