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Mis más profundas convicciones: La Democracia. ¿Hacemos la Wiki-Constitución?

Día de la Alcaparra, Segundo, 22 de Thermidor de 214

Efectivamente, por encima de todo, soy un demócrata. Pero creo en la democracia como el que cree en la paz universal o como los cristianos que creen en la resurrección de los muertos: es algo que espero llegar a ver algún día, pero que no creo que sea algo que esté ocurriendo ahora mismo. Prescindiendo del ejemplo religioso si nos quedamos con el de la paz en el mundo, eso que quieren las misses, todos sabemos que eso no existe, y no sólo porque veamos las noticias en la tele y sepamos de la invasión en Irak y de la intervención francesa en Costa de Marfil, sino por un montón de conflictos más que asolan el planeta y que no merecen el apoyo mediático si no está involucrado el petróleo y si no se obtiene rendimiento político para derechas e izquierdas acusarse de a ver cuál es más hipócrita y jugar a quién se parece más al NSDAP. Si quiere uno ver cómo se las gastan los seres humanos con sus congéneres no tiene más que hacer una visita, si tiene estómago, a Human Rights Watch.

Una cosa es creer en la democracia y otra muy distinta creer que esto sea una democracia. El mismo término, tanto etimológica como históricamente, es dudoso y huele un poco mal, pero a falta de otro mejor tendremos que apechugar con él a pesar de toda la basura con la que se ha llenado, y lo que tendremos que hacer, como buenos filósofos hermeneutas, será dotar al término de nuevos y más potentes significados, relegando la carga histórica de la palabra precisamente a eso, a su historia. En términos informáticos, no importa lo churro que sea un programa en su versión 1.0, si la que se presenta al público realmente funciona e implementa realmente los requerimientos del usuario. Como somos no sólo antropocéntricos, sino asquerosamente eurocéntricos, solemos decir que la democracia nació en la Atenas clásica, pero eso es tan falso como casi todo lo que se dice sobre Grecia y sobre los orígenes de nuestra civilización: la democracia ateniense es a nuestros modernos e ideales modelos democráticos lo que la teoría atómica de Demócrito es a la mecánica cuántica. Una cosa es que el término democracia provenga del griego, algo incuestionable, y otra cosa es decir la burrada de que inventaron la democracia, pues la idea de &4oCc-un hombre, un voto&4oCd-, está presente en la mayor parte de las culturas humanas, y hay mundo adelante montones de tribus que funcionan como verdaderas repúblicas en ese sentido, y eligen a sus jefes democráticamente o realizan improvisados referendums en sociedades donde no conocen la esclavitud. Sin ir más lejos los romanos de la República votaban tanto o más que los atenienses, y a nadie se le ocurre decir que era una democracia como la que tenemos o como la que aspiramos a tener. Que llamemos a nuestro sistema de gobierno con la misma palabra que los atenienses inventaron para el suyo no quiere decir que sea lo mismo, o que derive directamente de él.

Actualmente se supone que vivimos en democracia, en el gobierno del pueblo por y para el pueblo. Si miramos apenas un siglo atrás veremos que la democracia, que así la llamaban, era una democracia censitaria y masculina: sólo votaban los hombres, y sólo los que alcanzaban un cierto nivel de renta. Lo de los hombres estaba claro, difícilmente se le iba a conceder el más alto reconocimiento ciudadano, el voto, a personas que eran considerados seres débiles, de segunda clase y en todo caso necesitados de protección y guía, y por lo tanto obviamente incapaces de ejercer el pleno raciocinio y los derechos políticos que sólo correspondían al varón. Respecto al nivel de ingresos, la democracia censitaria aspiraba a ser así también una democracia cualificada, en la que sólo las personas educadas y liberadas del embrutecedor trabajo, las únicas con un criterio correcto y con una adecuada visión del mundo, contribuyesen al gobierno de la nación. Por tanto sólo los ricos, los rentistas, tenían derecho a votar. Los pobres y los trabajadores, después rebautizados como proletarios, no sólo eran privados del derecho al voto, sino que se hubiese considerado una irresponsabilidad dárselo a las gentes del común que sólo estaban gobernados por las bajas pasiones, el apetito y la lujuria, y que sólo vivían en la indolencia, la vagancia y la flaqueza de espíritu. Los que decían esto de un porcentaje cercano al 100% de la población a lo largo del siglo XIX intentaron convertir esta ideología en ciencia empírica a través de los simpáticos pensadores que intentaban convencer a las clases privilegiadas de que su posición era indiscutible en un orden social tan necesario como el de la misma naturaleza, y que nadie era responsable de las condiciones infrahumanas de casi la totalidad de la población, que sólo era víctima de su pobreza biológica contra la que nada ni nadie podía luchar. Un siglo después los mismos privilegiados niegan el carácter ideológico de la defensa de sus intereses y proclaman que nada es de su incumbencia ni les afecta excepto su propia riqueza, ni son responsables de las penalidades de nadie: la ideología es para los demás, cegados por pensamientos colectivistas, mientras que ellos sólo se rigen por la ciencia económica que demuestra sin sombra de duda que no hay que buscar quimeras como la justicia social y que cada uno debe ir a lo suyo, cosa bastante difícil de hacer para muchos para los que &4oCc-lo suyo&4oCd- es como mucho su propia miseria.

La democracia en la que vivimos, heredera de la del siglo XIX, tiene, en efecto un bonito origen burgués, y se creó para colmar las pretensiones de un grupo social y económico que aspiraba a tener los mismos privilegios que los nobles. También nuestra democracia, en cierto modo, es una democracia cualificada, e incluso en una supuesta democracia real futura no se podrá prescindir de cierta cualificación: el derecho al voto no se alcanza hasta cierta edad, los dieciocho años, cuando de forma arbitraria se considera que el joven ciudadano adulto debe haber alcanzado una madurez como para empezar a colaborar de pleno derecho en la vida pública. Obviamente esto es una convención: no hay magia alguna que lo convierta a uno a los dieciocho años en una persona sensata, e igual que hay gente con veinte años con la cabeza muy bien amueblada hay otros congéneres que con cuarenta o cincuenta parece que no se merecen más que un soplamocos cada vez que abren la boca para rebuznar.

Es fácil caer también en el tópico de pedir una democracia cualificada, en la que sólo podrían votar las personas cualificadas para ello. ¿Y quiénes serían estos? ¿Los mayores de cuarenta años, que es cuando ya se ha sentado cabeza? ¿Por qué no mejor los de sesenta, y así instaurar una gerontocracia? Quizá deberían votar sólo los licenciados universitarios, o quizá sólo los de letras como pediría algún orteguiano despendolado y horrorizado ante el dominio de los ingenieros. O si no podrían votar sólo los que han obtenido un doctorado, para hacerlo más difícil. O podríamos tener una democracia en la que todos podríamos votar pero no valiese igual el voto: los comunes, un voto; a partir de los cuarenta años, 1&4oCZ-25 votos; los licenciados añaden 0&4oCZ-50 a su voto base; a partir de los sesenta años, a no ser que se pase una prueba psicotécnica, el voto queda suspendido para los mayores. Por tanto en el ejemplo de un químico de más de cuarenta años su voto valdría 1&4oCZ-75 votos, lo máximo que se podría votar, pues debería evitarse que el voto de una persona valiese por dos. Otra opción sería examinarse para obtener el derecho al voto: un cuestionario fuerte de derecho constitucional, de historia, de política económica y sobre todo un test psicológico que detecte la psicoticidad del que aspira al derecho al voto. De hecho algo así se hizo en los muy democráticos EEUU, cuando en algunos estados para impedir que los negros se pudiesen inscribir en el censo de votantes se les hacía pasar, en defensa de la democracia de calidad, por un examen de cualificación totalmente desproporcionado que lo único que hizo fue provocar que esos negros que pasaron el examen se convirtiesen en personas cultas, que aprendiesen derecho y que llegasen a ser líderes de los movimientos antisegregacionistas. Y me pregunto: si ahora se volviese a instaurar un sistema similar en todo el país, qué porcentaje de la población podría votar, cuánta de la &4oCc-basura blanca&4oCd- obtendría ese derecho y sobre todo si alguna vez volvería a ganar el partido republicano.

La tentación de una democracia cualificada de ese estilo es grande, pero los que se sienten tentados por ella que se pregunten si se sentirían igualmente seducidos por la idea si tuviesen dudas de quedar fuera del grupo de votantes. Obviamente una buena democracia es una democracia cualificada, pero la única forma de cualificarla honradamente es cualificando a los votantes. Cuanto más informados y educados estén los votantes, más robusta y auténtica será la democracia, así que si tan demócratas somos todos se supone que todos deberíamos favorecer la libre circulación de ideas, crear una educación que se merezca ese nombre y convertir a la democracia en algo real más que en un ideal que empecemos a desesperar de alcanzar aunque sólo sea un poquito. Porque cuando uno mira alrededor apenas si ve el premeditado embrutecimiento de la población por parte de los poderes públicos y privados que sólo quieren una masa de votantes desinformados que actúen por el miedo, por la codicia y por pulsiones irracionales como la lengua, la raza, el miedo o la venganza, y que todo debate público se base en cualquier cosa siempre que no sea en criterios lógicos o racionales, mientras la educación se desmonta sistemáticamente y se hunde en la miseria por las andanadas que recibe alternativamente de derechas e izquierdas, que sólo se distinguen en este caso respecto a dónde dirigen sus disparos, unos a la arboladura y otros a la línea de flotación. Si ya bastante mal estaba la democracia como la conocemos, si algo bueno tenía se lo están terminando de cargar.

Otro problema de cualificar la democracia es la paradoja que se presenta al cualificarla. Una democracia verdadera crea ciudadanos ilustrados, y unos ciudadanos ilustrados crean una democracia real. Pero hasta llegar a eso, si es eso lo que queremos, ¿cómo nos apañamos con lo que hay ahora, y cómo lo hacemos evolucionar hacia donde queremos? ¿Qué medio democrático utilizamos para llegar a una democracia que todavía no existe? Muchos detractores de la democracia señalan que a lo más que se puede alcanzar es a un cierto despotismo ilustrado, que o bien debe evolucionar a un sistema autoritario y dejarnos de tonterías (fascismos varios y tradicionalismos), o bien no hacer nada porque las cosas cambien y que sea lo que quiera el hado (anarquismo capitalista o socialista). La paradoja permanece: para conseguir la democracia real necesitamos una población que participe en ella, y que participe de forma responsable, pero sólo existirá esa población cuando obtengamos a partir de una democracia que se merezca ese nombre. La paradoja de la gallina y el huevo, de la que hay difícil salida.

La palabra democracia, como tantas palabras a las que se ha sobresaturado de significados y enmiendas, está severamente degradada: ya casi ni sabemos lo que significa cuando la pronunciamos. Existieron y existen por tanto democracias censitarias, democracias orgánicas, democracias populares y democracias liberales con sistema de partidos, que es la que padecen la mayor parte de los países que tienen el desparpajo de considerarse democracias. Toda democracia se considera a sí misma democracia, desde China a EEUU, y todas no dejan de ser sistemas de control de la mayor parte de la población por parte de un grupo de privilegiados que tienen la sartén por el mango. No hay mejor forma de cargarse la democracia que convencer a la mayor parte de la población que se vive en una, que se ha llegado al mejor sistema de gobierno posible y que ya podemos relajarnos porque todo va viento en popa. La democracia es una vigilancia continua por parte de la población de los poderes públicos, y eso es muy cansado.

Si me preguntan si esto de España en lo que vivimos es una democracia les diré que ni por el forro. Tenemos una Constitución divinizada y proclamada intocable por los primeros que luego se encargan de ignorarla, y tenemos un período histórico idealizado llamado Transición en el que se supone que se garantizaron &4oCc-nuestras libertades&4oCd-, cuando lo que se garantizó fue que las cosas no cambiaran demasiado y el anterior régimen y la mayor parte de sus acólitos hiciesen un discreto mutis por el foro, sin afectar en lo esencial al régimen económico y social: nos salió una ley de Punto Final que es la envidia del mundo civilizado. Algunos la llaman irónicamente la Santa Transición precisamente por ese carácter de tiempo fundacional y fuerte donde todo quedó hecho y terminado. Como siempre las reformas fundamentales y tocarle las narices a quien hay que tocárselas para que las cosas cambien de verdad se van postergando cada vez más esperando a un &4oCc-momento propicio&4oCd- que nunca llega, termina siendo todo un mal chiste y que al final queda aplazado sine die, para las primeras calendas griegas después del catorce de nunca. Recordemos que cuando el franquismo se extinguió lentamente se declaró que &4oCc-todo había quedado atado y bien atado&4oCd-.

En particular en España, que somos un país realmente digno de estudio y de reflexión en campos como la psicopatología, tenemos una democracia de lo más chusca. Nos dimos una Constitución que sigue la bonita tradición de Licurgo, el espartano que con una triquiñuela consiguió crear una Esparta a su propia imagen y se aseguró de que nadie la pudiese cambiar. Después del Corán y la Biblia la Constitución es el documento humano con menos probabilidades de sufrir una verdadera reforma. Afortunadamente cada vez somos más los que no sólo no nos sentimos identificados con esa Constitución, sino que sentimos que es un poco de tomadura de pelo que haya un momento mítico y decisivo en la Historia en la que todo quedó atado y bien atado, si te gusta bien y si no ajo y agua. No puede haber una Constitución legítima si pasado el tiempo un importante porcentaje de la población no la ha votado y aprobado. Cada veinte o veinticinco años la misma Constitución debería quedar anulada y abrirse un nuevo proceso constituyente por narices. Si no se refunda el estado constitucional cada cierto tiempo se cae en lo que tenemos ahora: una mistificación de una Constitución que nadie conoce, que no deja de ser una referencia lejana y, por qué no decirlo, una mala burla a la sociedad a la que supuestamente sirve y protege. Eso sin contar con que está por hacerse una edición de esa constitución en la que se nos marque con rojo los artículos que van en serio y los que sólo están para hacer bonito y para aplicar en el &4oCc-momento propicio&4oCd-, que ya expliqué más arriba cuándo va a llegar. Si le quitamos a la Constitución la paja y nos quedamos con lo que realmente importa y realmente protege la ley nos queda esto: la defensa del sistema social y económico de toda la vida, la unidad de España y la monarquía. El resto, cuando se pueda, si se puede, y no se va a poder porque no conviene.

La Constitución &4oCc-de todos los españoles&4oCd-, si la mira uno despojándose de toda la propaganda y mistificación que han hecho de ella en estos casi treinta años, resulta ser lo que es, una Constitución creada por unos cuantos señores para satisfacer los deseos de unos cuantos más, y que se presentó al resto de nación como la única y mejor Constitución posible para garantizar los intereses de todos. Y nuestros padres la votaron y aprobaron, claro que sí, pero eso no hace sino reforzar mi posición. ¿Desde cuándo se aprueban o se hacen bien las cosas a la primera? ¿Desde cuándo un estudio aprueba la primera versión de un guión cinematográfico? ¿Acaso nuestros jefes no ponen mil y un reparos, fundados o no, a la primera versión de todo lo que hacemos? ¿No les parece raro que una sociedad apruebe por las buenas y a la primera un documento vinculante que se supone que va a regir nuestras vidas hasta que se enfríe el sol? ¿Y por qué hay que aprobarla a todo o nada, toda ella entera aunque no nos guste una buena parte de ella? En el caso de algunas prácticas comerciales parecidas, puede llegar a ser un hecho denunciable. Esto fue todavía más sangrante en el caso de la Constitución Europea, un bodrio infumable que se nos pidió que refrendásemos por las buenas sin leerlo y que confiásemos en la buena voluntad de los que la habían hecho y de la de los que desde aquí la apoyaban. Nadie reparó en las burradas que ponía ni las consecuencias desastrosas que podía tener para todos esa Europa en la que descaradamente y sin cortarse ni un pelo se iba a convertir al viejo continente en el gobierno de la Empresa, por la Empresa y para la Empresa. El ridículo que hicimos los españoles aprobado esa ley los primeros sin tener ni puñetera idea de lo que hacíamos sólo es comparable a la cara de tontos que se nos quedó cuando el resto de los países con menor índice de analfabetismo funcional la echaron para atrás después de un verdadero debate político, cuando en España faltó poco para enviar a los comandos de la muerte a los pocos que se atrevieron a hacer campaña pública a favor del NO, mientras otros nos limitamos a molestar a nuestros conocidos para que leyeran esa constitución, así como algunos análisis especialmente mordaces sobre ella. Pasado el susto y después de este bochorno se pregunta uno si realmente se puede llamar democracia a un sistema que perpetra semejante disparate de parodia de referéndum; y si después de casi treinta años de aprendizaje democrático esto es lo mejor que sabemos hacer, ¿qué coño y en qué circunstancias votó la gente en 1978?

El caso de la monarquía es especialmente simpático y efectivamente resume bastante bien la situación. No es que les tenga una inquina especial o que me caigan personalmente antipáticos, pero un análisis en términos simbólicos puede ser bastante devastador sobre la institución más mistificada del país. Se suele decir para criticarla, con razón, que es la monarquía que nos legó Franco, y cierto es, pues como algunos no se olvidan de recordar el mismo rey se lució hace ya bastantes años cuando los españoles tuvimos que oír por primera vez lo que pensaba nuestro monarca sobre varios temas en un reportaje oyéndolo hablar en inglés, y en el que entre otras cosas soltaba la perla de que no le gustaba que hablasen mal de Franco en su presencia. Los ingleses, que a mala baba no les gana nadie cuando quieren y en el fondo les da morbo que los sigamos llamando la Pérfida Albión, hicieron coincidir estas palabras con esas emocionantes imágenes en las que Franco estrechaba con energía la mano del canciller alemán de ese momento, elegido democráticamente y que respondía al nombre de Hitler. También muchos pensamos que eso no es en absoluto criticable: si yo tuviese una familia en la que la más alta aspiración y habilidad fuera estar de vacaciones y participar en las regatas y me asegurasen un puesto de alto funcionario con piso de lujo a costa de la empresa, dietas y carta blanca para todo lo que haga, no sólo me molestaría mucho que hablasen mal de la bellísima persona que me consiguió el chollito, sino que me partiría la cara por él cuantas veces fuese necesario aunque se tratase del mismo Belcebú.

Las críticas la monarquía son obvias y no debemos olvidar el espacio simbólico que crean, que es tanto o más grave que otros efectos perniciosos de esa institución. Lo más grave, desde luego, es romper las más elementales reglas de la lógica que se supone que nos enseñan en el instituto:
A &4oCT- Todos los hombres son mortales.
B &4oCT- Miguel de Cervantes es inmortal.
Ergo: No es cierto que todos los hombres sean mortales.

Por lo menos cuando yo iba a la escuela era así: un juicio universal quedaba anulado por un caso particular. Si descubro una clase de manzanas que cuando se desprenden del árbol no caen al suelo, invalido la Ley de Gravitación Universal. Así que insistimos:
A &4oCT- Todos estamos sujetos al imperio de la ley y somos responsables ante ella.
B &4oCT- El más guay no está sujeto a ese imperio y le resbala todo.
Ergo: No es cierto que todos estemos sujetos al imperio de la ley.

Bueno, no importa mucho, al fin y al cabo sólo es uno, y aunque algunos se ponen siempre en lo peor no va a ir por ahí matando gente, y en el caso de que lo hiciera se montaría tal revuelo que a lo mejor se reformaría la misma Constitución para juzgarlo. Lo peor de que &4oCc-el primero de los españoles&4oCd- esté vacunado contra la ley no es que pueda atropellar a alguien con su moto y quedar impune, sino que al invalidar el principio general no pasamos de Todos estamos sujetos al imperio de la ley a Ninguno estamos sujetos al imperio de la ley, sino a Algunos estamos sujetos al imperio de la ley. El poder simbólico de este pequeño detalle no es que ese uno sea inmune frente al virus democrático y de la justicia, sino que la inmunidad se extiende hacia abajo en la pirámide social, y cuanto más arriba más inmune eres. ¿Hay alguien en España tan privado de razón que pueda creer que se le va a aplicar la ley con distinto rasero a los presidentes y delegados del Banco Santander o del BBVA que a los del común? Quizá sí en delitos como el asesinato, por la relevancia social que tienen, pero no hay que ser un lince para ver que cuanto más poder poseas y realices más actividad económica no sólo vas a tener más roces con la ley, voluntariamente o no, sino que además más tentado se va a estar de saltársela y aprovecharse de ello. Si además se puede flexibilizar la ley a tu favor, procurar que ésta sea blanda con los delitos propios de esas clases sociales, y de paso pedir de vez en cuando una amnistía fiscal que lo deje a uno limpio de polvo y paja, miel sobre hojuelas. Sin embargo, al currito de a pie, que se le ocurra salirse un poco del renglón, y ya veremos lo que pasa. Por si fuera poco el mismo orden social y económico garantiza que haya también una proporcionalidad entre la justicia que recibas y el dinero que estés dispuesto a gastar en conseguirla: sea civil o penal el pleito, tener razón puede llegar a ser lo de menos si no consigues a alguien que haga valer la ley a tu favor, a tanto la hora. Ser pobre o económicamente débil es una garantía de que los demás pueden ejercer violencia o actos injustos contra ti sin demasiado temor a ser perseguidos por la ley. Quizá te detengan si quemas vivo a un indigente en un cajero electrónico y te pillan haciéndolo, pero si abusas sistemáticamente de tus empleados y los obligas a hacer cosas más allá de los límites de sus contratos a ver quién es el chulo que va a ir a decirte nada en tu empresa, donde tú has decidido que eres la ley suprema. Si el sustrato más alto de la pirámide decide que va a pervertir unas leyes laborales ya indignas de modo que va a estrujar hasta las últimas consecuencias a los trabajadores con unas tácticas de retorcimiento de las reglas y de la realidad que sonrojarían al peor de los tahúres, pues adelante, y a la vista de todos sin que pase nada. En la administración local ya nada ni nadie puede sumirnos en una estupefacción mayor que en la que nos encontramos cada vez que sabemos de sus tejemanejes, y sólo el más tonto del pueblo puede pensar a estas alturas que los pocos que han sido llevados a los tribunales no son sino una minúscula puntita del iceberg, y que sólo han sido juzgados porque se han pasado demasiado en el robo y ya no había forma de taparlo. No sólo vivimos en el Tanto tienes, tanto vales, sino que además vivimos en el Tanto tienes, tanta justicia recibes. La ley así se convierte en el refrendo de una situación que nadie se atreve a cambiar.

En una genial película llamada El marqués del grillo el inigualable Alberto Sordi decide por las buenas no pagar a un sastre judío que le ha hecho unas nuevas prendas, y al final el tribunal le da la razón y lo exime de realizar el pago. Cuando el sastre está a punto de echarse a llorar el marqués le pide perdón y le paga delante de todos, y como es un cachondo les dice que sólo quería demostrar que con prejuicios y dinero cualquiera puede comprar la justicia. Otro delicioso momento de la película es aquel en el que es detenido en una taberna en la que se está divirtiendo disfrazado de plebeyo, se identifica para que lo dejen libre y los mismos guardias le piden disculpas. Cuando sus compañeros de juerga lo miran esperando que los liberen también a ellos se limita a sonreír y les dice: &4oCc-Lo siento, pero yo soy yo y vosotros sois una mierda&4oCd-. La próxima vez que vea usted que los ricos y poderosos salen de rositas de crímenes y prácticas sucias que claman al cielo, mientras a usted no me perdonan ni la más mínima, no se olvide que ellos son ellos, y usted... es lo que es. No olvide nunca que según la Constitución, garante de nuestros derechos y libertades, pone bien clarito que la ley es igual para todos, pero para algunos más que para otros, y esto es aplicable desde &4oCc-al primero de los españoles&4oCd- hasta a la últimas mierdas, entre los que no sé si usted amable cree que se encuentra, pero desde luego entre los que yo no me descarto.

En realidad tampoco sería tan grave que existiese una monarquía, pero una realmente moderna y funcional. Los del ABC se quejan mucho de que los austríacos luzcan con profusión los símbolos imperiales pero sean un república, pero eso no es sino sentido común. Podríamos ser una monarquía nominalmente por aquello de la tradición, pero eso no quiere decir que deba haber la persona del rey. Incluso poniéndonos un poco más graciosos podríamos tener un rey virtual generado por CGI, que diese el discurso navideño (sí, ese que es igual todos los años), que celebrase la Pascua Militar y que abriese las Cortes en cada legislatura. Con técnicas de animatrónica o las futuras aplicaciones de la holografía podríamos tenerlo incluso presente más allá de las pantallas de la televisión. Y podríamos tener toda una familia real en una divertida telecomedia de gran audiencia, con personajes que evolucionasen y tuviesen descendencia, y con los que se podrían tratar los típicos temas de esas series: las drogas, el abuso familiar, etc. Puestos a tener un monigote, que sea uno de verdad y que tenga algo de gracia.

Nos prometieron democracia y nos dieron lo que les dio la gana y lo que a ellos les convenía. Todo cambió para que todo siguiese siendo más o menos lo mismo y vimos la libertad cuando siempre: asistiendo a su entierro. Obviamente saltan muchos diciendo que los que no conocimos el franquismo no sabemos lo bien que se vive ahora, pero una cosa es que estemos mejor que antes y otra que estemos tan bien como deberíamos estar. Si me dan a elegir entre quedarme varado en el tiempo en la época de Felipe II o en la de Franco, elijo la de Franco.

De todos modos hay signos de esperanza, pero también de alarma. La democracia liberal, de partidos y basada en el capitalismo se está yendo por el desag&w7w-e.

En los EEUU sólo los muy fanáticos de ese país pueden seguir creyendo que allí no se amañan las selecciones, a veces incluso sin hacerlo subrepticiamente y a cara descubierta como el escándalo del censo de Florida. Si a un presidente (que tampoco era ninguna joya) casi lo empapelan por hacer un par de guarreridas consentidas con una becaria trepa, y no le pasa nada a uno que termina por reconocer que ha mentido para meter a su país en una guerra en la que incluso muere alguno de los tuyos, vuelvan a leerse el párrafo sobre la parcialidad de la justicia. Pero la diferencia está clara: en el primer caso sólo el presidente salió beneficiado (nunca mejor dicho) con la guarrerida, y en el segundo los que tendrían que juzgar la criminalidad de las acciones del presidente son los que se van a lucrar con sus decisiones, cuya rentabilidad las convierten en justas, necesarias, ecuánimes y dignas de un gran líder del mundo libre que lucha contra el terrorismo islámico para imponer el terrorismo de mercado.

En Italia, que me perdonen los italianos si se ofenden, pero si es democracia que llegue al poder Berlusconi, que se mantenga en el poder y que se dedique a legislar para que él y sus amigos no acaben en la cárcel que es precisamente donde deberían estar, entonces yo soy la reina de Saba. ¿Cuántos gobernantes de los últimos veinte años han tenido que exiliarse del país para eludir la persecución de la justicia?

Respecto a Francia, su república agoniza bajo una ineptitud sin límites. No puede ir bien un país en el que grupos de jóvenes sin esperanza se ponen a quemar coches y el presidente de la República guarda un sabio silencio, como nuestro rey con la crisis del Perejil, que sólo salió de su silencio para hacerse la foto y recibir su pedazo de gloria cuando todo había pasado. Incluso todo un ex-primer ministro como Alain Juppé ha tenido que exiliarse para evadirse de la justicia por abusos de poder cometidos en los tiempos en los que fue encargado de finanzas con el alcalde de París, el actual presidente de la República. Por cierto: el presidente de la República Francesa sólo puede ser juzgado por el delito de crímenes de lesa patria, o sea venderse literalmente al enemigo. Con eso quizá eviten que haya un nuevo Pétain al frente de la nación, pero se les puede colar un Arsenio Lupin como si nada.

¿España? No ganaremos el mundial, pero a otras cosas nadie nos gana. Aquí todos somos tan demócratas que nadie dimite, nadie sufre responsabilidades políticas y somos tan abiertos de miras que tenemos un ex-ministro del antiguo régimen todavía en activo, un tipo que admitió estar en política &4oCc-para forrarse&4oCd- va dando lecciones de honradez a todo el que se le cruza en su camino y el anterior presidente aseguró que había lo que no había para mandar a pasear a unos cuantos soldados al extranjero y sacarse la espinita de no haber cumplido con Dios y con la Patria haciendo el servicio militar. El anterior gobierno, el de González, salió también por la puerta grande, con corrupción y unos pocos enchironados por los GAL. Pero se me antojan muy pocos. Se nos asegura que somos una democracia consolidada, pero sólo ha habido alternancia dos veces, y en todos los casos nos hemos lucido a base de bien.

A día de hoy nos repiten continuamente que todo se va al carajo, y que el actual gobierno de ZP se ha vendido a los terroristas, que si a los nacionalistas&4oCm- La verdad es que cuando uno analiza la tregua de 1998, la famosa en la que Aznar dijo que había autorizado conversaciones secretas con el Movimiento Vasco de Liberación, y luego ve la que se ha montado ahora por hacer éstos lo mismo&4oCm- Ya sé que algunos dicen que no es lo mismo, y estoy dispuesto a aceptarlo siempre que por otro lado se reconozca que es exactamente igual. Que si se va a romper la Constitución&4oCm- que si se va a perder todo lo conseguido desde la Santa Transición. Hasta cierto punto es cierto, pero lo que tenemos ahora es absurdo achacárselo a un gobierno bastante inepto y desnortado que no sabe lo que hacer ni se va a atrever a hacer nada, heredero de un felipismo que bajo el signo de la izquierdita hizo las reformas que hubiesen sido impensables con un gobierno de derechas y del que como mucho se puede esperar algún momento cosmético como el matrimonio de los homosexuales, o algún otro detallito propio de unas mentes preclaras que quieren empezar la casa por el tejado. De substancia, nada de nada. Con el PP malvivíamos mejor, y siempre es mejor tener un gobierno que te dé asco y te genere instintos homicidas que purifiquen la vesícula que tener uno que te dé más bien penita y el impulso de recomendarles una bibliografía básica o unos vídeos de Barrio Sésamo a ver si distinguen arriba de abajo.

Lo que ocurre ahora en España no es sino las consecuencias de una Constitución chapucera y hecha por los de siempre para los de siempre, y de una Transición que se declaró gloriosa por la sencilla razón de que no volvimos a practicar el deporte, homologado desde hace siglos en España, de matarnos entre nosotros. Los orígenes de todos estos problemas y de los que vendrán están en un sistema electoral que no hay por dónde cogerlo y que no sale así ni hecho aposta, y que generó inmediatamente un partitocracia corrupta en la que los de antes dieron la bienvenida a los nuevos miembros de elenco para que el show pudiese continuar. Sólo hay que analizarlo un poco, saber aprovecharse de este sistema electoral y con un porcentaje de votos bien localizado puedes terminar gobernando el país pactando con todos siempre que te lleves tú el gato al agua. Ahora está el PSOE con los nacionalistas, pero no olvidemos que hace diez años estuvo el PP y pasó por el aro tan ricamente, que hasta hablaban catalán en la intimidad. Decía un sabio historiador francés, el señor Braudel, que la historia se conformaba por períodos y efectos de larga duración, y que intentar ver la historia a pequeños tramos era un ejercicio inútil. Si no se excava en las raíces profundas de un acontecimiento y no se hace la correspondiente arqueología de los procesos que vemos ahora en funcionamiento, sólo entenderemos lo que ahora muchos ven en la actual política: una lucha de superhéroes y supervillanos, intercambiando los papeles unos u otros dependiendo del blog que usted lea o escriba, temática ésta que puede ser fascinante en los tebeos pero absolutamente grotesca en una arena política que antes del 11-M provocaba bostezos cuando no la risa tonta, y que después de esa tragedia ha degenerado en una irracional pelea de gallos mezclada con los más alucinantes episodios de Expediente-X, y no quiero ni imaginar en dónde va a acabar como se vaya por mal camino. El problema no va ser tanto que la democracia se desmorone como que nos va a pillar a todos dentro, en el peor momento y sin papel.

En cierto modo, a su manera, los nacionalistas tienen su razón: si el cuerpo está podrido, amputémonos de él, a ver si sobrevivimos. Pero analizar los nacionalismos como se pretende, como un proceso relativamente reciente y no como un complejo entramado de relaciones y reacciones con una entidad que a la vez lo niega y lo fortalece, un etnicismo españolista basado en las interpretaciones sesgadas y medio inventadas de los historiógrafos fundacionales de mediados del siglo XIX, es como intentar comprender la Relatividad sabiendo sólo sumar y restar. Pero eso no impedirá, desde luego, que los gurús del movimiento neocón español se aposenten tranquilamente y creen un revisionismo histórico cercano ya al negacionismo: igual que sus primos los neoliberales su táctica es, como decía el Makinavaja, negarlo todo. Yo no tengo la culpa, eso nunca ocurrió, si yo soy eso tú más, me rebota y no me explota. Que aparezcan fenómenos como César Vidal o Pío Moa, inimaginables sólo hace diez años, es indicio de que debemos de hallarnos no muy lejos del fin de los tiempos. En los blogs furibundamente antiZP verán ustedes que muchos achacarán parte de los graves problemas de España al nulo conocimiento de Historia que los chavales de ahora educados en la LOGSE, pero como siempre la ignorancia no hace distinciones y favorece a todos los demagogos por igual, de modo que estos dos señores deberían como mínimo ponerle a esa ley orgánica un par de devotas velas. Por algo decía Nuestro Ford que "la Historia es una patraña".

Corren muy malos tiempos para la democracia, tanto para aquello que aspiramos que sea como para lo que tenemos ahora mismo. Las reformas están ahí, pero esperar que el actual sistema de partidos se inmole en aras de una forma superior de gobierno es tan poco probable que ocurra como lo que piden los ancaps, que los Estados se disuelvan pacíficamente por las buenas y lleguemos al falansterio capitalista. A ver quién explica a los políticos que vamos a crear un sistema electoral que los va a tener en jaque continuamente y bajo continua vigilancia, de modo que no puedan saquear con casi total impunidad durante cuatro años, y gobernar en connivencia de los de siempre olvidándose de las necesidades de la población a la que supuestamente sirven. Para ellos lo que popularmente se conoce como democracia y se exalta en los colegios la víspera del 6 de diciembre no es sino un bonito envoltorio lleno de colorido que oculta debajo la verdadera joya, la verdadera democracia tal como ellos la entienden: un euro, un voto. Que aceptemos todos tranquilamente que Bruselas está lleno de lobbistas de todo tipo manejando cantidades obscenas de dinero no puede sino hacerme decir que en este mundo ya no queda nadie que no doblepiense. Si algún adjetivo se merece el actual sistema político es el de venal, y es la nuestra una democracia venal. Un sistema de transferencia de voto no sólo es más justo y no ofendería al más elemental buen gusto matemático, sino que además tenemos ya medios tecnológicos suficientes para empezar a hablar de un sistema de elección continuada que no sólo nos evitaría el pésimo espectáculo de una campaña electoral cada cuatro años, sino que podría provocar un cese fulminante de un gobierno en cuanto a éste se le fuese la pinza un poco. Algunos dicen que un país con tales sistemas de representación democrática serían ingobernables, y que por ejemplo el gobierno no se atrevería a tomar decisiones impopulares pero necesarias. Es una idea totalmente cierta y correcta, siempre que consideremos a los gobernantes como unos papás que velan por unos hijos inmaduros y caprichosos que no saben lo que les conviene, ya que las leyes, si se explica su razón de ser y su necesidad y se debate racionalmente sobre ellas, no tienen que ser nunca populares ni impopulares. Mucho peor es hacer las cochinadas a principio de legislatura y luego esperar a que se haya pasado el cabreo cuando el rebaño vuelva a deponer su voto. Por tanto una democracia continua o líquida puede hacerle tan poca gracia a un político de los de ahora como a un ladronzuelo una cámara de seguridad en unos grandes almacenes. La cuestión es hacer del ejercicio de la democracia y del poder político una actividad que sea repelente para la clase de personas que actualmente detenta ese poder, haciendo férreo su control por parte de los ciudadanos y obligando a que exista una transparencia insoportable para los energúmenos que ahora nos dirigen. Cuando los peores elementos de la sociedad dejen de ver ventajas en convertirse en nuestros gobernantes no quedará más remedio que personas mínimamente decentes tengan que hacerse cargo de los puestos de gobierno.

Todas las opciones de reforma del sistema electoral y la exposición de sus argumentos las encontrarán en Otra Democracia es Posible.

Por último, y ya fantaseando un poco, se me ha ocurrido la idea de cómo se podría hacer una Constitución que realmente &4oCc-se diese a sí mismo el pueblo&4oCd-, y no un pequeño grupo de señorones con quién sabe qué ocultas intenciones. Pues&4oCm- una Wiki-Constitución. Creo que de todas las ideas que tengo que oscilan peligrosamente entre la genialidad, la locura y la absoluta idiotez, ésta es de las mejores. ¿Se podría hacer una Wiki-Constitución? Podría ser de lo más curioso, aunque quizá un proyecto totalmente de locos a no ser que como mínimo se abriesen varios proyectos paralelos: una Constitución liberal, una Constitución Socialista y una Anarquista, aunque ésta probablemente sería un verdadero ejercicio de minimalismo y constaría de una sola frase:

Tonto el que la lea.
Y ya por último, si no le ha convencido ni siquiera un poquito de lo que he dicho, atrévase a hacer la prueba definitiva, la prueba del algodón que consiste en mirar a la cruda realidad estupefaciente. Si esto es una democracia, si esto que nos hemos dado a nosotros es lo que libremente en el ejercicio de nuestras libertades hemos decidido que es lo que queremos, ¿qué clase de idiotas somos? ¿Es esto lo que realmente deseamos o lo que quieren ellos y lo que ellos nos han convencido que nos conviene? ¿Realmente queremos esto y es esto lo que nos merecemos? ¿Este pitorreo, estos abusos, este ir hacia atrás mientras intentan convencernos de que vamos hacia delante? Porque si decimos que sí, poco más nos faltará que nos den el tiro de gracia y dejemos de sufrir. Si tenemos los gobernantes que nos merecemos, abandonemos toda esperanza y apaga y vámonos a la...
-SuperSantiEgo


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