Me tocas
Tocarse los cuerpos, cabello con cabello, codo con codo, las manos en los ombligos, las vejigas cristalizando las relaciones dentro de las cosas, las partes de los entes. Escudriñar el pasado con el descenso de la gravedad, tironea las cosas para aparecer, para tocarse en la caída.
En el fondo, las tras-noches rejuvenecen las mochilas de los viejos cultivadores de historias, largas narraciones con filtros, traducidas a lenguas amenazantes que se congregan bajo la tristeza de un árbol.
Me saludas desde el otro martes y la primavera se abre, pliegue a pliegue en tus hombros, a los pies de sombra.
No estamos dónde decimos estar y el peso de sabernos nos complica, nos enmudece y te apoyas en la calma, en la espera, en el azar que hace posible las partes de los antes, dentro de las cosas.
Despotrico contra el ser de la ventanilla y con el rostro largo amanezco en la misma almohada, en las mismas muecas llenas de tierra y la fragancia de una ciudad tropical metida, casi doblada.
Entre las oquedades de los vientres y los vellos de las narices, duermo y me palpas, me tocas.