Mariposas
Por la singularidad de las cosas no sabremos nunca cuando los pétalos sangren, el aleteo rompa los puertos o el llanto de un niño nuca cese.
En eso que tienen de común las cosas podemos verlas juntas, con la baba propia de los ácaros, con las descamaciones nutriendo los sábados y esa dulzura que tiene el mundo cuando nos habita y nos transforma.
En esto de distinguir de dónde partimos, de qué nos agarramos se nos va la vida. Saber desde dónde miramos y somos testigos de nuestra interioridad, del estrépito y la ansiedad por querer.
Es latente la tentación de existir, de sucumbir en el entendimiento de las mariposas dirimiendo la suerte del mundo. Saber de las cosas que no caben en nuestras vidas.
Deambular entre tantos sin comprenderlos, sin poder encerrarlos en lo singular de la ternura. Vaya a saber hasta cuando podamos existir sin recoger los aleteos de las mariposas.