Habitantes del fondo
En una casona con viejas y fugaces identidades, una mujer de manos gordas sopla las velas, cierra los velos y alaba al señor. La sombra del gallo recuerda a los habitantes del recinto del fondo, donde se ocultan los recién llegados. Son numerosos, entumecidos, sin bañarse, con las lenguas pastosas y pensamientos dados vuelta.
Encadenada -la mujer- se quita las ilusiones, las catástrofes de las libélulas, los coágulos de cada uno de sus agujeros y dobleces de su cuerpo. Los murmullos de gente de pueblo, de comarcas lejanas, se almacenan en el agua hirviente, en la tos y en el aliento fétido de los días sin comer, y se quita uno a uno los coágulos.
Con una vela sale, cada vez que abre la puerta con sus ojos y ve lo que pasa contra la pared.
Casona de tantos años, de tantas gentes, de tantos escondidos y deslizados en el recinto del fondo y me "hundo en mí, como un torrente sin distancias."
[1].
[1] Texto en pared de la ciudad de Temuco, firmado por Selva Saavedra.