Dobleces de vida
Son tersos los dobleces del encuentro. Las mangas se vuelven alturas y los dientes apretados se leen en unidades de rótulos. Las vías, caminos, y líneas de trenes contienen mantas con el frío de las leyes universales. Nos rodean como espuma pegajosa, como abrazo a la realidad que no puede ser de otra manera de ninguna manera.
Los hechos llenos de pedazos, de hilos se deshacen mientras nos cortan las manos, la infección, los pequeños tubos, esas cicatrices que crecen desde ayer, siempre desde ayer. Y nos cortan las manos, dedo a dedo, sin encontrarnos en las barcazas, en las bocas del estómago y se nos inflan las costillas por esa tos que nos revienta los sueños.
Todo se resuelve en un protocolo y la luz se dobla, ahí en un recodo de las mangas, donde la sangre fermenta y nos siguen cortando las manos, dedo a dedo.