La discusión es siempre la misma bajo diferentes perspectivas: la modernidad presentada en sus orígenes como un sistema que por racional se estructura como un totalitarismo empeñado en organizar a la sociedad mediante premisas científicas, la cancelación de las religiones finalistas y el encumbramiento de los modos de producción tecnificados como base del desarrollo que con el iluminismo adquiere una definición económica que hace a un lado el crecimiento individual por considerar al sujeto un elemento de la estructura sistémica que antes que nada debe regirse por la Razón para trabajar por los objetivos que le hacen bien a la sociedad que a la vez espera que cada uno de los actores sociales estén siempre conscientes de esta condición para ser libres y felices.
&Cgk-&CQ-Uno de los ejes basales de esta &4oCc-filosofía científica&4oCd-es el planteamiento del sujeto que sin Razón se encierra en la obsesión de su identidad, nicho intimo que es la incubadora de la creencia irracional, de la superchería religiosa y, por lo tanto, de la alianza entre el Estado y los altares. Pero también que la Razón, sin sujeto, se convierte en instrumento del poder, con lo que tendríamos que la Modernidad, en su afán de establecer integralmente el reino de la Razón trazaría la forma de una dictadura mecanicista que intentaría controlar científicamente todos los ámbitos de la vida humana.
&Cgk-&CQ-Además, la conjugación del uso de la Razón para ordenar el mundo y las vidas con la voluntad religiosa de trascendencia albergada en el corazón de los individuos establecería nuevos procesos de negociación entre la voluntad individual y el mecanismo preciso de la sociedad de la Razón. Weber hace un estudio del protestantismo capitalista como expresión del desarrollo del trabajo con un fuerte sabor determinista que conecta el misticismo individual con la operatividad racional del mercado, atmósfera en la que se extrapolan los valores del racionalismo para sustituir las supersticiones no verificables con el propósito de fomentar un modelo de pensamiento que logre, en la medida de lo posible, otorgar una base racional a las pulsiones e inquietudes primitivas (irracionales) para así consagrar a las incontrolables pasiones humanas al trabajo fecundo en favor de los intereses de la sociedad modernizada que ha suplido la unidad de un mundo creado por la voluntad divina por la dualidad de la racionalización y la subjetivación, categorías en las que Touraine insiste desde que apunta el quiebre de la modernidad con lo sagrado, recordando el triunfo de las concepciones racionalistas de la modernidad, a pesar del dualismo cristiano, lo que de inmediato da lugar a la comprobación de su ineficacia como idea institucional y su necesidad de redefinición como relaciones cargadas de tensión entre Razón y sujeto, ciencia y libertad.
&Cgk-&CQ-La Modernidad desecha la dimensión religiosa del bien y el mal y cifra su origen tan sólo en lo que es bueno y malo para la sociedad y su eficacia. Al rechazarse a Dios, el orden social (en el Leviatán) sólo depende de una libre decisión humana.
&Cgk-A partir de Hobbes y, especialmente de Rousseau, el hombre ya no es una criatura hecha por Dios a su imagen y semejanza, sino un actor social definido por los papeles que cumple, ya no en una sociedad estamental, sino en diversos planos de grupos estratificados según sus funciones.
&Cgk-El Contrato Social es la encarnación de la racionalidad como estrategia para entrar en la Modernidad. Jean-Jacques Rousseau alerta sobre la idea de que el progreso de las ciencias acarrea la decadencia de las costumbres y no renueva el pensamiento social, lo que le hace perder su optimismo ilustrado y denunciar la desigualdad persistente en un mundo en el que cada conciencia debería funcionar como reloj, marcando su distancia personal de Hobbes: ya no es el miedo a la guerra lo que impulsa a la humanidad a renunciar a sus derechos a cambio de la seguridad garantizada por un Estado que anule a la sociedad civil, pero entonces, para Rousseau, la voluntad general parece ser un último instrumento para la defensa de la comunidad.
&Cgk-&CQ-Touraine se refiere a Rousseau como antimoderno, identificando su observación de las grandes sociedades cuya unidad se ve amenazada por la excesiva tecnificación del trabajo y la ambición, mezquino impulso humano que por definición atentará contra la templanza comprobable de la Razón y que obliga a repensar varias certezas que sostenían a la ilustración y que llevará a cuestionar las bondades del enriquecimiento capitalista y la división del trabajo.
&Cgk-&CQ-Dos absolutismos idénticos: la arbitrariedad de la moral religiosa reemplazada por el conocimiento de las leyes de la naturaleza, y una de las claves del Estado Modernista sería su vocación revolucionaria, más no democrática, su lucha contra la monarquía absoluta Dei gratia le inspira a la creación de un Estado controlado por el mecanicismo de la Razón que se derrumba bajo el peso de las &4oCc-insignificantes&4oCd- emociones y dudas de los sujetos a los que ha concedido una nueva fe, técnica, aséptica, en la que el placer moderado por la Razón es para el individuo un ejemplo de autocontrol racional, pero ubicado en un sistema totalitario. De esta manera, para Touraine, el intento de concebir una sociedad racionalista ha fracasado, pues su idea ha demostrado su falsedad ya que la sociedad que produjo resultó plagada de conflictos e infelicidad, revelando que la modernización, como alcanzó a temer Rosseau, era cada vez menos endógena y más estimulada por tentaciones revolucionarias soberbias y por la codicia, ambos ejes de una necesidad irracional, pero muy humana, por un bienestar que el modernismo no consiguió garantizar para todos.