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A propósito de Superman Returns: El cine, la televisión y el Eterno Retorno de lo Mismo

Día del Trigo, Noveno, 29 de Cosechador de 214

Que vaya por delante que nunca debemos olvidar las inmortales palabras de Eugenio D'Ors: "Lo que no es tradición es plagio". Incluso Lawrence Lessing en su Cultura Libre reconoce que todo ha nacido culturalmente de la emulación o copia de lo que ya existía, y pone como ejemplo a Walt Disney, cuya creatividad se basaba en copiar de lo que ya había, de los cuentos de la vieja tradición europea o del cine mudo. Como ya dije en otra entrada, Stan Lee entró a saco en los títulos de la competencia para crear su particular universo superheroico, e incluso existieron un Daredevil que andaba por ahí balanceándose con una cuerda y un velocista llamado Quicksilver antes de sus contrapartidas de Marvel. Porque eran otros tiempos y no se las gastaban como ahora, porque o si no Stan podría haber acabado en la cárcel como responsable de la Marvel y la compañía habría cerrado. Copiar no es malo, vive MVE, y hasta el Romanticismo no se consideraba que se debiese sino hacer eso: copiar de los modelos clásicos, suma y compendio de todo lo que podía haber.

Pero quizá lo que estamos viendo en el cine y en la televisión, más que reciclar, renovar o poner al día cosas preexistentes, es el descarado sistema del papel cebolla, o el papel carbón. Si conociésemos las series clásicas norteamericanas veríamos que incluso las más antiguas que nosotros recordamos son copias o reescrituras de éstas. Los de mi generación recordarán perfectamente que al éxito de Dallas sucedió inmediatamente Dinastía y Falcon Crest, que igual que la primera consistían en ricos dándose puñaladas con las acciones y cosas de ésas, mientras todos terminaban encamándose con todos. Luz de Luna era muy parecida a Remington Steele. SeaQuest era como Star Trek mezclada con las series de los sesenta de exploraciones marinas. Babylon 5 era como Star Trek pero con más cabeza. Infelices para siempre era calcadita a Matrimonio con hijos, pero igual de divertida.

En España han hecho todo un arte de copiar conceptos de series norteamericanas y adaptarlo a la idiosincrasia del país. Cuéntame es Aquellos maravillos años: un tío rememora desde el presente su infancia y los años 70, en el original la época de Nixon y en el nuestro los últimos años del franquismo, con hermana hipie incluida. Pepa y Pepe no la vi, pero decían que recordaba mucho a Roxanne. Los Serrano son la versión cañí de La tribu de los Brady, y Ana y los Siete es The Nanny descaradamente. Incluso 7 Vidas se nota que tiene su influencia de Friends, pero con más mala uva.

Pues bien, ¿no? El Virgilio planchó cuanto quiso de la Ilíada y la Odisea y casi le hacen un monumento por la Eneida. Cervantes copió los modelos de la época para hacer La Galatea y Los Trabajos de Pérsiles y Segismunda, y se adaptó al modelo de Lope en sus obras teatrales.

Que sí, que copiar está muy bien... Pero dentro de un orden. Te diré si copiar está bien, y además si lo combinas con el pegar ni te cuento. A muchos por hacer eso con unas cuantas modificaciones luego nos pagan un sueldo a fin de mes. A ver si nos enteramos: Shakespeare no copiaba, sino que reutilizaba el código.

Estupefacto me he quedado al saber que Rebeldes, esa serie con la que nuestros niños van a aprender las virtudes de tomar Coca-Cola a todas horas y hablar casi en spanglish es el remake mexicano de la serie Rebelde Way, argentina y sólo dos años anterior. En terminología de South Park, la misma mierda con distinta textura. Yo el único culebrón sudamericano que he visto en mi vida es Yo soy Betty, la Fea, y eso porque me hallaba en un período de mi vida en el que estaba sopesando distintas ofertas de trabajo, o sea en el puto paro. Y oye, me gustó y lo pasé bien, aunque los capítulos que no eran de cachondeo propiamente dicho tenía que compaginarlos con la lectura del periódico para hacerlos soportables. Pero ahora resulta que de esa telenovela colombiana nos calcan la versión mexicana, y hasta la española. La versión en inglés, pues bueno, allá ellos. A ver: me parece normal que los alemanes o los rusos hagan una versión propia, Nacida para no ser bella (son de un redicho estos rusos...), pero distintas versiones dentro del mismo idioma con tan pocos años de diferencia es que no me parece normal. Obviamente hay diferentes gustos y detalles de apreciación entre Colombia, México, Argentina y España, pero no las suficientes para que se tenga que hacer cuatro o cinco versiones de la misma telenovela. Que nos las pongan a la vez en distintas cadenas ya es de traca. Por si fuera poco es triste ver que esto ha desatado como casi siempre la rivalidad entre los distintos países que tenemos el feo vicio de hablar apañó, y si ya es triste la rivalidad entre España y América más triste es ver que entre ellos también se muesten ese fraternal cariño en la más hermosa tradición de Caín y Abel: que si no me gusta el acento de los de este país, que si siempre nos habéis tenido envidia por no sé qué... Futuro brillante el que nos aguarda, si bien a este paso está claro que nuestro destino histórico está irremediablemente unido: acabar todos juntitos en la mierda.

Pero tampoco el cine se escapa a esta tendencia, y eso también es igual de preocupante, si no más. Como muchos indicaron, Las Crónicas de Ridrik tenía un guión en casi todos los aspectos calcado a Conan el Bárbaro. ¿Que no? Muchos de los grandes estrenos y películas que se pretende que sean una éxito son secueles de películas de éxito, películas de series antiguas como Embrujada, y en general un páramo de remakes muchas veces innecesarios. ¿La Pantera Rosa sin Peter Sellers? ¡Anda ya! Lucas se autoplagió vilmente y bastante mal, que cuando se dio a conocer el argumento del Episodio I se publicó un artículo titulado "Cuéntanosla otra vez, George". Tal como dije en una anterior entrada, se habla de un remake de Robocop, y prácticamente ya no hay película de éxito con más de veinte años de la que no se hable de volver a filmarla. A veces las cosas salen realmente bien, como la nueva e impresionante versión de Galáctica, pero en general todo esto huele a refrito requemado. Hasta dicen de retomar V. Los Visitantes. Y entonces recuerda uno entre acojonado y escéptico que era opinión de Lutero y otros teólogos de la época decir que una de las señales de llegada del Fin del Mundo es que estaba todo hecho, todo inventado y todo dicho, y el mundo no podría seguir simplemente repitiendo y rehaciendo lo que ya estaba completo.

Sea lo que sea que está pasando, no me gusta. No me gusta ni mijita. Primero porque me parece que me están tomando el pelo, y segundo porque da la impresión de que ya nadie quiere arriesgar a contar algo nuevo u original, a tirarse en plancha y a ver qué sale. Todos hemos oído cómo eran los proyectos de Abrams, De Tim Burton y de Kevin Smith para relanzar la franquicia de Supermán, e igual que a muchos se me puso la carne de gallina por lo menos en el caso de los dos primeros. ¿Pero hubiese sido eso peor que hacer un guión después de haberse visto cien veces las dos primeras películas de Supermán con la libreta en la mano? Claro, así en cierto modo va uno sobre seguro, y ya decía Homer Simpson que el primer paso en el camino hacia el fracaso es intentarlo. La película nos ha gustado, de acuerdo. ¿Pero nos ha gustado algo de lo nuevo que tiene, si es que hay algo? En 1998 Gus Van Sant volvió a filmar plano a plano Psicosis de Hitchcock, y aunque ganó unos nás que merecidos Razzies creo que algunos no hemos salido de nuestro estado de estupefacción, que sólo podría aumentar si a otro lumbreras le da por volver a rodar, no sé... Centauros del Desierto, por ejemplo. Si pongo un inmenso papel cebolla sobre las Meninas y calco, ¿soy tan bueno como Velázquez? ¿Si copio a mano El Señor de los Anillos me convierto en Tolkien?

Me parece a mí que al Singer-morning le pasa lo que a mí, que se toma demasiado en serio a Homer Simpson. (Mi héroe existencial, lo reconozco.) Se dice mucho que si el Bryan Singer plasma muy bien en la película su origen judío o su condición homosexual, pero algo o mucho de español también debe tener, porque ha aplicado nuestra famosísima doctrina de: "Virgencita, que me quede como estoy." Y no es un chiste fácil respecto a lo que le pasó a Christopher Reeve.
Si me dan a elegir entre esto y un dolor de escroto no sé yo por qué me decantaría, la verdad.
-SuperSantiEgo



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