País: Alemania, Dinamarca, Francia, Suecia
Año: 2005
Título internacional: Manderlay
Guión: Lars von Trier
Director: Lars von Trier
Actores: Bryce Dallas Howard, Isaach De Bankolé, Danny Glover, Willem Dafoe, Micha&w6s-l Abiteboul, Lauren Bacall, Jean-Marc Barr, Geoffrey Bateman, Virgile Bramly, Ruben Brinkmann, Doña Croll, Jeremy Davies, Llewella Gideon, Mona Hammond, Ginny Holder.
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De haber escrito esta reseña inmediatamente después de haber visto Manderlay hubiera sido dejarme llevar exaltada por las sensaciones posteriores al film sin poder ver claramente la película en sí misma. No es que en esta oportunidad mi claridad sea óptima pero lo intento.
Para quienes vieron Dogville y están familiarizados con la historia, sabrán que Grace, interpretada por Nicole Kidman en aquella ocasión y por Bryce Dallas Howard en ésta, se detiene en una plantación de algodón en donde aún rige la esclavitud y decide quedarse para asegurarse de que las cosas cambien y sean como Dios manda.
Allí se encuentra con una pequeña comunidad negra compuesta por familias conflictivas, mitómanos, cobardes, charlatanes ¿La comunidad negra a los ojos de EEUU o de Von Trier?
Si hay algo que me disgusta es que me preparen para los finales y me vayan guiando cual espectador mononeuronal. La prefabricación de la trama, el giro en el momento justo y el final feliz con mucha luz, color y la orquesta a pleno. Desde ya que Von Trier no pertenece a esta escuela pero desde otro lugar y contexto en Manderlay hace exactamente lo mismo. Ahora el director es profesor de historia y nos relata como Esopo la historia de Estados Unidos.
Lo peligroso es que las características de la filmación y la narración en off (con la gran voz de John Hurt) acercan el guión a casi una copia fiel de la realidad cuando debemos asimilarlo como el enfoque personal del director. Esta grandilocuencia atenta contra cualquier libre interpretación sobre el film.
Personalmente lo que me sucedió es que crucé la línea entre ficción y realidad. Lo que cuenta la película y cómo lo cuenta pareciera estar tan unido que debo asimilar ambas cosas por igual cuando -volviendo a lo anterior- indicaciones en luces de neón para espectadores desprevenidos es lo que menos necesito de Von Trier.
La liberación de un grupo oprimido, la inexplicable falta de gratitud posterior y el desastre provocado por el adoctrinamiento en cuestiones que le son ajenas son moneda corriente durante el siglo pasado y éste. La fiereza de la realidad versus la hipocrecía de la liberación.
Como película prefiero Dogville y como lección de historia tristemente Von Trier se quedó corto.