Deprisa, deprisa (sobre el estado del cine español)
La película de Saura era cojonuda (como casi todo Saura, aunque comprendo que haya quien no comparta este punto de vista). La película de Saura era una pincelada de extrarradio, era el "cine kinki" de toda la vida pero con cierta voluntad artística que no deslucía. Era como si, pongamos un ejemplo un tanto descabalado, Trufautt de pronto hubiera decidido rodar un guión con la vida del Vaquilla. Y reconozco que me gusta más Saura que Trufautt, aunque suene a blasfemia de lunes por la mañana.
Es un poco blasfemo, para qué vamos a engañarnos, pero hoy me he levantado con ánimo de blasfemar.
Más deprisa. Más deprisa aún, el tiempo pasa y respeta a medias las cintas de los extrarradios urbanos, el tiempo pasa (y pesa, que dirían los fans de "Báilame el agua") y en España se siguen practicando cinematografías de andar por casa, con mejor o peor fortuna. En España nos inventamos el teen/agitanado como una especie de antihéroe de andar por casa, con sus pantalones de campana y sus cintas de Los Chichos. Quizá si hubiéramos seguido peleando esa fórmula con humor y cierta higiene mental no hubiéramos acabado hablando de la Guerra Civil, como siempre, sino que quizá tendríamos un Kusturica español y canallesco. Que no es el caso, claro.
Más deprisa, hasta que ardan todas las bovinas, hasta que ardan todos los presupuestos, hasta que tengamos que utilizar en los trailers de las cintas patrias frases como: "Estoy hasta los cojones de cine español" (el público en las salas se ríe mucho, claro, pero no van a ir a ver la película de marras. Además, el trailer se proyecta antes de una película norteamericana y la sala está llena, of course). Veo a los niños que vienen con sus cámaras DVCPro dispuestos a rodar cortometrajes y me dicen:
- A mí me gusta mucho el cine social...
Y uno tiene la extraña sensación de que el "cine social" del que me hablan ellos es una prostituta muy buena a la que le pega su marido (a ser posible, un tipo feo que bebe cerveza en el bar de abajo) y que se enamora de un toxicómano cojo de buen corazón pero que cogerá un sida de caballo mientras intenta cuidar a su madre (más o menos eutanásica), que a su vez tiene un hermano homosexual (muy simpático) al que le matan los skins de una paliza. Cine social español, vamos, el de toda la vida de Dios.
Más deprisa, más deprisa, que no pare el circo. Cada año bajan las recaudaciones y al final acabamos viendo cualquier cinematografía "emergente" (cine turco, israelí, albano, francoprusiano...) antes de ir a ver cine español. La cinematografía española no es, lamentablemente, "emergente", sino más bien "laxante". Porque uno sale de la sala acordándose fisiológicamente de la mitad del staff. Especialmente del guionista/director, claro, que es un tipo que vive en un piso que te cagas de grande con 800 dvd&wrQ-s originales en la pared (es miembro de la SGAE, aunque no sabe si confesarlo o no) y conduce un BMW pero el día de la gala de los Goya va de chandal y con chapitas de Rosellinni. Un tipo cool que planea su próxima película sobre un niño republicano con leucemia que es sodomizado por los macabros curas de un convento próximo mientras que un sabio profesor que intenta inculcarle los valores de la libertad es fusilado por unos fascistas crueles que (ay) también pegan a sus mujeres y fuman cigarrillos caros.
No deja de ser deprimente que, de pronto, cuando encontramos una película española que realmente nos gusta tengamos que salir de la sala diciendo: "Fíjate que me ha gustado... y eso que es española..."