De puntillas por los musicales
Comenta Jesse que no hablo de musicales (bueno, apenas); a mí me gustaría hablar de grandes joyas como
My fair lady,
Cantando bajo la lluvia o
West Side Story, que es de lo mejor, sin paliativos, que ha dado el género (aunque Bob Fosse bordó
Cabaret, de la que sí he hablado). Pero es que me entra una especie de modestia cuando me planteo hablar de las tres citadas obras de arte. Así que voy a pasar de puntillas por encima...
1. My fair ladyEstá basada en
Pigmalión, de George Bernard Shaw. En ella, el caballero Henry Higgins (Rex Harrison) se propone hacer una dama de la florera cockney Eliza Doolittle (Audrey Hepburn, que lo hace tan sumamente bien, que habría que poner su nombre en versales). Por si estos nombres no le dicen nada, recuerde que es de
George Cukor. Si la gran Audrey no ganó el Oscar, fue por una futilidad: la doblaban al cantar. Como curiosidad, se lo dieron a Julie Andrews por Mary Poppins: Julie sí cantaba, pero no es, ni de lejos, tan buena actriz.
Una de las escenas más recordadas de esta peli es la de Ascot, que ha sido torpemente copiada en
Pretty Woman e insinuada en
Evita, de Alan Parker (aunque creo que sin caballos).
Las canciones son conocidas e, incluso para los no-flipados de los musicales, no estorban.
2. Cantando bajo la lluviaÉste es, a mi juicio, el mejor musical de la historia. Es de ésos que captan al espectador y no lo sueltan. Claro que, principalmente, es
culpa de
Gene Kelly (de acuerdo,
Stanley Donen no estaba de florero).
En 1927,
El cantor de jazz revolucionó el cine: era la primera película sonora. El hecho de que los personajes hablen y que la música no la ponga un pianista al fondo de la sala nos parece hoy cotidiano, pero entonces supuso una crisis en Hollywood -que es donde más se ha tratado el tema- y dio lugar a
El crepúsculo de los dioses o ésta.Una gran estrella está a punto de desaparecer, tan pronto se descubra que tiene una voz horrible; Don Lockwood, Cosmo Brown y Kathy Selden llegarán al rescate entre números musicales cautivadores (el de
Good morning es célebre), logrando esa maravilla única paraguas en mano que da nombre a la peli.
La única pega se la pongo al número final, que a mi juicio se alarga demasiado, aunque Cyd Charisse disuadiría a cualquiera.
3. West Side StoryHablé de esta película -también de puntillas, como ahora- cuando dediqué aquel post a las adaptaciones de
Romeo y Julieta, pero me seguía sintiendo incómoda, porque esta película merece más atención... y yo sigo sin dársela.
West Side Story rompe una convención del musical que luego se ha dado más a menudo: el final feliz. También entra en la era del color lisérgico (a pesar de ser de 1961) que tanto abundó en los sesenta, no sólo por la psicodelia, sino por las nuevas técnicas que se iban incorporando al Séptimo Arte.
Esta revisión de
Romeo y Julieta con gringuitos y portorriqueños presenta aportaciones y traslaciones interesantes (fray Lorenzo es Doc, el jefe de Tony; la escena en la que los Montescos se pitorrean del ama ya no es al principio, sino cuando la tragedia ya se masca hacía rato; el príncipe no destierra, sino que es un poli que directamente quiere a los morenos fuera, bien lejos). Y también aporta la estupenda música de Bernstein, que roza el virtuosismo en el
Quintet previo a la pelea (tema de
tonight a cinco voces; no me refiero a cinco gargantas, sino intereses: románticos de Tony y María, lujuriosos de Anita y manifiestamente broncas de Jets y Sharks), pero que es más recordado por
María o
América -me encanta el número de la azotea-.
Es una película, ya lo he dicho, que puedo ver -y he visto- veces y veces, pero parece que nunca juntaré arrestos para hablar de ella largo y tendido en
24 por segundo...
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Planos generales