Crítica: Silent Hill
Rose y su marido tienen una hija adoptiva sonámbula y que no para de repetir en sueños el nombre de Silent Hill. Desesperada, la madre huirá con su hija en busca de Silent Hill esperando encontrar una explicación a lo que le sucede a su hija, pero lo que encontrara en el pueblo será el mismo infierno.
Por fin volvemos a tener
un film lleno de criaturas demoníacas y monstruosas, además con una notable ambientación que es sin duda lo mejor de la película. Hay escenas realmente bien conseguidas como cuando suena la sirena y la ciudad se apaga, la espada de el cabeza pirámide y alguna que otra escena de terror.
Christophe Gans realiza uno de sus mejores trabajos con el film que sin llegar a ser una gran película consigue convencer.
Como he dicho,
es en su apartado visual donde realmente aciertan de lleno, aunque la película tiene más de un altibajo de ritmo y combina escenas de terror sorprendentes con partes realmente prescindibles y diálogos pomposos que no aportan gran cosa. Se alarga en algunas escenas (la explicación final se hace larga) y en otras parece quedarse a medias (cuando Rose entra en el hospital y poca cosa pasa, o las apariciones de cabeza pirámide que saben a poco).
Aun y así, nos encontramos ante
una buena película de terror de la que quizás se esperaba algo más, pero que es un soplo de aire fresco dentro de las ultimas producciones de genero llenas de remakes y de adolescentes perseguidos por un sádico asesino.